domingo, 15 de marzo de 2020

La mediación mexicana con Colombia y Venezuela

La mediación mexicana con Colombia y Venezuela

Héctor Apolinar Dossier Político

Dia de publicación: 2009-08-17


Del 12 al 17 de agosto, el presidente de la república, Felipe Calderón realizó una importante visita de estado a Colombia, Uruguay y Brasil,� más una breve visita no oficial a Chile, en la que uno de los temas centrales que se abordaron fue la crisis diplomática que se ha producido entre Colombia y la mayoría de los países sudamericanos, a excepción de Perú, por el acuerdo que negocia el gobierno colombiano con el Pentágono, para el uso de siete bases militares por parte de solados y asesores norteamericanos.

Durante su entrevistas con los presidentes de Colombia, Uribe, de Chile, Bechelet, de Uruguay, Tabaré y Lula de Brasil, Calderón se pudo percatar con nítida claridad del temor que existe entre los países sudamericanos por la firma del acuerdo. Hay sospechas de que el incremento de la presencia militar norteamericana es un elemento perturbador y desestabilizador en la región.

Como es frecuente en estos casos, la responsabilidad no es únicamente del gobierno colombiano de Álvaro Uribe, quien busca apoyo técnico, equipamiento, asesoría y respaldo para enfrentar a la guerrilla interna, el poderío del narcotráfico, que tiene en Colombia a unote sus pilares, y la actitud hostil del presidente Hugo Chávez, de Venezuela, quien cree que el Pentágono prepara una agresión militar en contra de su gobierno.

Chávez considera que el gobierno de Uribe es un instrumento al servicio de Washington y se ha manifestado de forma constante en su contra en numerosos foros y declaraciones. El gobierno de Uribe ha sido más respetuoso. Sin embargo, ha denunciado que Venezuela da cobijo en su territorio, protege o apoya a elementos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), lo que es de suyo una grave acusación.

La crisis entre Colombia y Venezuela se ha elevado a niveles peligrosos. Chávez esta reequipando a sus fuerzas armadas con armamento de Rusia, China, Irán y España, lo que es visto por Colombia con preocupación.

La desconfianza por el incremento de la presencia de elementos militares en Colombia se basa no sólo en el desprestigio del ejército norteamericano por haber invadido a Irak sobre la base de información falsa que utilizó el gobierno de Bush, para engañar a la comunidad internacional y justificar la desastrosa invasión militar, sino, además, por otra razón igualmente poderosa:

Los presidentes Bechelet, Tabaré y Lula fueron perseguidos por gobiernos militares apoyados por el Pentágono. Y ese hecho es inolvidable y parece no ser tomado en cuenta.

Entre otras cosas positivas que impulsó en su visita, el presidente Calderón expresó la disposición del gobierno mexicano de servir de mediador en el conflicto, siempre y cuando las partes lo acepten a ello. La disposición mexicana no fue retomada por ninguno de los gobiernos, pero quedó en la mesa por si se ofrece en el futuro.

Es el interés de todos los países latinoamericanos que no estalle la guerra entre Colombia y Venezuela. Para lograrlo, se deberá hacer un esfuerzo serio, delicado y permanente para evitar los desencuentros o enfrentamientos verbales entre Chávez y Uribe. Pero, además, las fuerzas armadas norteamericanas deben comprender que hay una justificada desconfianza en ellas por el papel que han jugado en América Latina en diversos períodos.

Lo primero que deben entender es que ya no hay guerra fría. Y no se justifica la militarización de nuestra región sobre la base de la falaz “guerra al narco” que es un argumento para justificar la militarización de la lucha contra el narcotráfico.

Es evidente que en el mismo sentido debe ser señalada la presencia del gobierno cubano, que asesora a Chávez en el plano político. Aunque probablemente ya han sido abandonadas por Cuba, no podemos olvidar que en décadas pasadas adoptó una política gravemente errónea hacia el resto de América Latina, fomentando la guerrilla y las levantamientos armadas, que fracasaron estrepitosamente y crearon la ilusión de que la lucha armada era mejor que la lucha politico-democrática.

Cierto, la “guerra fría”, pareció no dejar otra opción: la tragedia

El gobierno de Barack Obama haría bien poner menos énfasis en la militarización de América Latina y, más bien, podría reelanzar políticas similares a la “Alianza por el Progreso”, de Kennedy, o la del “Buen vecino”, de Roosevelt, que son las que más éxito tuvieron.

Sabemos que México enfrenta serios problemas económicos en este momento, pero no por ello, podemos renunciar a desarrollar un diplomacia activa, sobre todo cuando América Latina está en peligro. En ese sentido, fue un acierto la gira de Calderón.


Comentarios: hector.apolinar@gmail.com

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