Del México de Juan Pablo II, al México del papa Francisco (I)
Héctor Apolinar Dossier Politico
Dia de publicación: 2016-02-07
Primera parte
La visita del papa Francisco a México, en los próximos días, abrió un amplio debate sobre la situación que guarda la comunidad y la iglesia católica de México, así como interrogantes sobre el mensaje apostólico enviará el Papa a los mexicanos.
Nuestro país ocupa una posición clave en la Iglesia Católica, pues tiene-- bien y regular--, el segundo lugar con mayor número de católicos, mientras que Brasil, está dejando atrás el puesto número 1 ante al avance de las diversas denominaciones protestantes.
No hay duda de que la visita del papa Francisco ha despertado el interés de amplios sectores de la sociedad, sobre todo, porque llega precedido de una serie de definiciones trascendentes en materia eclesiástica, en materia de relaciones interreligiosas, sobre política internacional, la renovación de la Curia Vaticana, el escándalo de la pedofilia y sobre la civilización industrial y el cuidado de la naturaleza.
Especial atención ha resultado su adopción del nombre de Francisco, el fundador de la orden franciscana, que se fundó sobre el voto de la pobreza.
El papa Francisco encontrará una comunidad católica mexicana herida, golpeada, diezmada y desmoralizada por la descarnada ola de violencia que nos azota desde hace 10 años, que ha dejado como resultado una larga estela de muertes, decapitaciones, un elevadísimo número de personas desaparecidas por la fuerza, incineraciones, hasta personas “pozoleadas”, además de las consecuentes familias desintegradas, sicarios, viudas y huérfanos, que han resultado de estaa tragedia que nos envuelve como nación.
No podemos dejar de mencionarlo porque es nuestra condición actual, nos guste o no.
Evidentemente, el papa Francisco no puede dar solución a estos agudos problemas, pero, tal vez, pueda darles a los católicos un consuelo, un mensaje de esperanza, de resistencia y de lucha ante esa situación.
Hay que tomar en cuenta que el Papa Francisco, siendo provincial de la Compañía de Jesús en Argentina, entre 1973 y 1976, le tocó vivir una era intensa de violencia y enfrentamientos entre la guerrilla de izquierda y los escuadrones de la muerte miembros de la organización derechista Triple A, que ocasionó numerosos muertos, secuestros y ejecuciones. Todo ello culminó con el famoso golpe de estado militar de 1976, que encabezó el general Jorge Videla.
La junta militar gobernó hasta 1981. En ese periodo la violencia no cedió, pero en esta ocasión, los militares realizaron un intensa cacería de brujas para liquidar a los grupos políticos de izquierda fueran o no guerrilleros, lo que produjo miles de desaparecidos y torturados.
En esos años, la Compañía de Jesús era una de las órdenes religiosas que más simpatía profesaba hacia la teología de la liberación. Algunos de sus integrantes, se pronunciaban por una alianza con las organizaciones de izquierda e, incluso, por la lucha armada contra gobiernos dictatoriales. Sin embargo, el entonces provincial, Jorge Bergoglio, procuró mantener la unidad de la Compañía de Jesús, bajo la consigna de "mantener la no politización de la Compañía de Jesús".
Lo que hemos mencionado antes busca ilustrar que el papa Francisco ha vivido de cerca situaciones de violencia parecidas a las que vive México hoy, aunque motivadas por otras causas.
Por ello, podemos esperar un mensaje claro sobre ese lacerante asunto.
El otro asunto que el Papa seguramente abordará en su visita, es el de los altos niveles de pobreza que existen en nuestro país y que agobian a buena parte de los católicos mexicanos, causando una enorme desintegración familiar y, muchas veces, altos sacrificios personales.
Sabemos que México vive un período agónico de transición política y económica, en el que en ocasiones parece que retrocedemos hacia un absolutismo político y a instituciones económicas “extractivas”, dando marcha atrás en las conquistas democráticas ya logradas.
El papa Francisco, siendo arzobispo de Buenos Aires y, posteriormente, cardenal, vivió procesos de agudas crisis políticas y sociales en Argentina, no solamente bajo la dictadura militar, sino durante el frágil proceso democrático post-dictadura, en los gobiernos democráticos de los presidentes Raúl Alfonsín y Carlos Menem. Sabe de ello.
Vio, incluso, la renuncia del gobierno de Fernando de la Rúa, causada por las protestas sociales callejeras, y, así mismo, vivió también la elección de Nestor Kirschner como presidente de su país.
Para Argentina llegar a una vida democrática no le ha sido nada fácil. La lucha por ella ha sido larga y costosa.
El papa Francisco, con las heridas que le dejó haber vivido esa historia de su país, seguramente tendrá algo que decirle a México.
Es obvio que, en especial, el Papa viene en su calidad de Vicario de Cristo y no como ciudadano argentino, por lo que el tema central de su visita no es la situación política de México, sino la situación espiritual de su comunidad.
Sin embargo, la condición espiritual de los católicos está severamente impactada por lo antes mencionado, por lo que seguramente estará muy atenta a lo que nos diga el Papa Francisco.

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