Sorpresa el 4 de julio
Héctor Apolinar Dossier Politico
Dia de publicación: 2010-07-06
Hay una amplia gama de comentaristas políticos de los medios informativos de la ciudad de México que levantan la voz en coro para afirmar que fueron “sorpresivas” las victorias electorales que obtuvieron las coaliciones electorales que formaron el PAN, el PRD y otros partidos de izquierda en Puebla, Oaxaca y Sinaloa, así como las fuertes posibilidades que tienen en Veracruz y Durango de triunfar o de que se anule la elección.
Nada de eso fue una sorpresa, como otros analistas lo reconocen. De esto se venía hablando y se estaba negociando en los medios políticos que toman las decisiones desde el año 2009.
“October surprise” (Sorpresa de Octubre) se le llama, en EU, a un incidente noticioso clave con la fuerza suficiente para modificar el resultado de una elección, en particular, de carácter presidencial. El incidente ocurre a finales de octubre, unos días del 2 de noviembre fecha en la que se lleva a cabo la votación.
Algo muy similar lo que ocurrió en las elecciones que acaban de pasar, como se pudo observar con las “revelaciones” de las grabaciones ilegales que les hicieron a los gober nadores de Oaxaca, Puebla y Veracruz.
Las victorias de las coaliciones se insertan en el surgimiento de un nuevo escenario político que se busca construir en el país en aquellos estados de la república donde los gobernantes son fuentes de conflicto, de exclusión e inestabilidad social, como Oaxaca y Puebla. O lugares como Sinaloa donde el gobierno del estado mantiene relaciones sospechosas con el narcotráfico.
En esos lugares el PRI estaba dividido debido a la imposición de candidatos por parte del gobernador en funciones, un sector se alió al PAN y al PRD, en una alianza aprobada y fomentada por Los Pinos.
De esta situación no está alejado el gobierno de los Estados Unidos, pues sus funcionarios, los dirigentes de las fuerzas armadas y de los servicios de inteligencia, se encuentran alarmadas ante la posibilidad de que México sea, en poco tiempo, en un “Estado fallido”, plagado de violencia, hundido en el fracaso económico y en la pobreza.
Estados Unidos es parte plena de la vida política y económica de México y viceversa.
El gobierno norteamericano observa como México se deteriora cada vez más y, al mismo tiempo, comprende que ningún partido político, por sí mismo, puede gobernar el país. Por ello impulsa una apertura política en el país que contemple como parte clave, al Partido de la Revolución Democrática.
No quiere repetir el grave error cometido por la presidencia de George W. Bush, que con su torpe extremismo impulsó la exclusión de Andrés Manuel López Obrador por ser un “peligro para EU”.
Aplaudimos la nueva política del gobierno de Estados Unidos hacia el PRD.
Además, EU está presionado por el elevado número de inmigrantes ilegales mexicanos que se encuentran distribuidos por todas partes de la geografía norteamericana y que se han convertido en un problema social ya que la inmigración se produjo de forma desordenada y caótica, afectando negativamente el tejido de la sociedad norteamericana que tiene otras costumbres y prácticas. Por ello se requiere una reforma migratoria que ordene y racionalice la inmigración procedente de México. No hacerlo nos llevará al conflicto superior más fuerte que los existentes en varios puntos de la frontera.
México se tiene que reordenar sobre bases diferentes para que exista inclusión social y menos concentración de la riqueza y del poder político.
Una desproporcionada concentración de la riqueza, la reducción de las oportunidades de empleo, bajo crecimiento económico, escasas posibilidades de mejoramiento económico, la falta de educación de mediana calidad, han asentado las bases de una involución de la sociedad mexicana que se traduce en aumento del narco y de la economía ilegal que, sumadas, ya superan la economía formal de México.
No por otra razón se hace necesario la búsqueda un acuerdo económico con Estados Unidos que supere el Tratado de Libre Comercio para dar paso a una asociación económica de gran nivel.
El gobierno de Felipe Calderón tiene la posibilidad de buscarla y negociarla con el presidente Barack Obama, a pesar de que sus partidos políticos tengan orientaciones divergentes en muchas áreas y temas. Es el mejor tiempo para hacerlo. A partir del 2 de noviembre, se verá más claro.
Comentarios a: Apolinar@vanguardiainformativa.com

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