La polémica encíclica “ecológica” del papa Francisco
Héctor Apolinar Dossier Politico
Dia de publicación: 2015-09-28
Es evidente que el mundo está en una crisis global que pocos sabemos si va a concluir de manera catastrófica o pacífica. Pero lo cierto es que una de las crisis más dolorosas y devastadoras que padecemos es la destrucción de la naturaleza, que se manifiesta en la contaminación y/o desaparición de ríos lagos y mantos acuíferos.
La mayoría sabemos que existe una enorme contaminación atmosférica en las ciudades, así como de costas y playas en todo el mundo.
Igualmente estamos informados que cada día se talan más bosques, sin que se repongan, y que la desertificación de tierras es acelerada
También sabemos que desaparecen de la faz de la tierra numerosas especies de animales de tierra y de mar.
La explotación irracional de recursos naturales es intensa y es el motor que avanza devorándolo todo sin que se adopten políticas o se tomen acciones para detener esa acelerada dinámica destructiva. Parece que a la mayoría de la sociedad no nos importa lo que sucede, o que nos parece irrelevante el problema, o no tan grave como para modificar el sistema industrial y los patrones consumo vigentes, que son altamente ineficientes y por demás derrochadores, como es bien sabido en el caso del consumo de hidrocarburos y en el desperdicio de alimentos, para poner dos ejemplos.
El 24 de mayo pasado, ocurrió un hecho que pudiera ser importante: el papa Francisco, dio a conocer la primera “Carta encíclica” de su “pontificado”, a la que llamó “Laudato Si’”.
El documento es un llamado a los dirigentes y pueblos del mundo, sean católicos o no, a abordar de manera decidida la “crisis ecológica” que vive la Tierra, debido a “los estilos de vida, los modelos de producción y de consumo, las estructuras consolidadas de poder que rigen hoy la sociedad”, que han causado la destrucción irreparable de amplias áreas de la naturaleza en el mundo.
El documento es ya oficial, lo que quiere decir que se constituye como parte central de las actividades pastorales de la Iglesia Católica en el mundo, por lo que será dado a conocer a todos los fieles católicos con el fin de hacerlos ampliar su conciencia del problema, a la par que son llamados a realizar acciones colectivas e individuales para detener la destrucción de los sistemas ecológicos.
El documento del papa Francisco no se basa en una moda o en una ocurrencia personal con el fin de darle una bandera a su pontificado. Es congruente con los llamados de los papas Juan Pablo II, Benedicto XVI y de Paulo VI, sobre este asunto, así como con los numerosos documentos de las conferencias episcopales de Sudáfrica, Australia, Latinoamérica, Brasil, de Estados Unidos, entre otras, que en los últimos diez años han denunciado la situación que existe en sus regiones, y que Francisco menciona expresamente.
El Papa cita declaraciones clave en la materia, como el que hizo Juan Pablo, quien pidió hacer una “conversión ecológica global”, y también el que hiciera, el eminente Paulo VI.
Dice Francisco: en la encíclica, Pacem in terris, en 1971, “el beato Papa Pablo VI se refirió a la problemática ecológica, presentándola como una crisis, que es « una consecuencia dramática » de la actividad descontrolada del ser humano: « Debido a una explotación inconsiderada de la naturaleza, [el ser humano] corre el riesgo de destruirla y de ser a su vez víctima de esta degradación ». También habló a la FAO sobre la posibilidad de una « catástrofe ecológica bajo el efecto de la explosión de la civilización industrial », subrayando la « urgencia y la necesidad de un cambio radical en el comportamiento de la Humanidad”.
En También se basa en los planteamientos que hizo el papa Benedicto XVI, quien señaló que: « la degradación de la naturaleza está estrechamente unida a la cultura que modela la convivencia humana ».
En otras palabras, el tema de la destrucción de la naturaleza ha sido abordado por la iglesia católica durante los últimos 50 años.
Sin embargo, no había sido el tema de una encíclica, lo que para los cánones de la iglesia, coloca el asunto en otra dimensión, que no podemos pasar por alto.
El papa está haciendo un esfuerzo amplio para que la iglesia católica y sus seguidores no lo pasen a un lugar secundario en sus preocupaciones y actividades.
Es bien sabido que además de la iglesia católica, hay una conciencia social mundial cada vez más preocupada por la dimensión que está tomando el problema. El propio Francisco menciona el trabajo que ha hecho desde hace décadas el movimiento ecologista internacional.
También se refiere a los mensajes del Patriarca Ecuménico Bartolomé, quien pide que cada uno de nosotros se arrepienta de los males que ha causado a la naturaleza, y quien considera que las agresiones a la naturaleza son pecados porque destruyen la obra de Dios.
En otras palabras, el tema de la destrucción de la naturaleza ha sido abordado con especial claridad por la iglesia católica durante los últimos 50 años. Sin embargo, esos llamados han sido ignorados porque, evidentemente, hay demasiados intereses económicos, además de una cultura, que sostiene el actual modelo industrial consumista, que se basa en el derroche y la ineficiencia en el uso de los recursos.
Cabe preguntarse si ahora que el papa Francisco hace este llamado a la iglesia y a sus fieles, habrá una acción global más firme para reducir sensiblemente la destrucción de la naturaleza, pero, al mismo tiempo, reconstruir mucho de lo destruido.
“El desafío urgente de proteger nuestra casa común incluye la preocupación de unir a toda la familia humana en la búsqueda de un desarrollo sostenible e integral, pues sabemos que las cosas pueden cambiar”, dice Francisco.
Veremos. No es una batalla sencilla, pero bien vale la pena hacerla.
La iglesia católica ha sido testigo de grandes cambios de civilización en la historia de la Humanidad, algunos, ella los ha impulsado, en otros, ha sido lo contrario.
Para nadie es un secreto el papel que jugó la Iglesia católica de Polonia en la caída del régimen comunista, lo que abrió las puertas para un cambio político de talla histórica en los países del llamado bloque socialista.
