sábado, 22 de agosto de 2020

MI TESTIMONIO sobre el movimiento estudiantil de 1973 en la Unison.

 

MI TESTIMONIO sobre el movimiento estudiantil de 1973 en la Unison.




Héctor Apolinar Dossier Politico

Dia de publicación: 2016-12-31


A mediados de 2013, un grupo de amigos que participaron en el movimiento estudiantil que estalló en la Universidad de Sonora, en el año 1973, convocó a una serie de conferencias para analizar, reflexionar y recordar aquellos acontecimientos que cimbraron profundamente la vida de la Universidad de Sonora y, también, la de Hermosillo e, incluso, podemos decir, la de Sonora.

Preparé un escrito no sin cierto escepticismo pues me parecía que había pasado demasiado tiempo desde entonces, por lo que, un ejercicio de esa naturaleza ya no tenía importancia para los sonorenses de hoy, sobre todo, para los estudiantes de la Universidad.

Ahora hago público ese escrito, ligeramente modificado, una vez que reflexioné detenidamente sobre ello, tomando en consideración, sobre todo, dejar un testimonio personal alrededor de un hecho que dejó una honda huella en la vida de Hermosillo.

Lo que sigue es mi testimonio.

Como es sabido el  movimiento estudiantil estalló el año de 1973, con motivo de la propuesta de reforma a la ley orgánica de la universidad que fue rechazada por el voto de un integrante del Consejo Universitario: el de Rubén Gutiérrez Carranza, director de la escuela secundaria de la universidad, quien poco tenía de académico, y sí, en cambio, de hombre rudo y mente obtusa, muy poco respetuoso de los alumnos.

La propuesta de reforma contaba con el apoyo mayoritario de  alumnos y maestros, y buscaba la modernización de sus estructuras de gobierno y sus planes de estudios, la cual fue elaborada después de un largo proceso de consulta interna y la asesoría de algunos expertos de la ciudad de México.

La propuesta fue rechazada. Los acontecimientos que se produjeron a partir de ese hecho pueden ser mucho mejor descritos por quienes los vivieron y fueron actores o testigos directos de ellos. No es mi caso, pues, cuando sucedieron,  me encontraba estudiando en la Universidad Nacional Autónoma de México, en la ciudad de México.

Sin embargo, puedo decir que tuve una relación estrecha pero indirecta con el movimiento estudiantil, pues formé parte de un grupo de amigos que estudiábamos en la entonces preparatoria de la Universidad de Sonora, quienes cobraron cierta fama, dentro y fuera de la universidad, por sus actitudes irreverentes, sus gustos artísticos y culturales novedosos, y su estrecha amistad. Algunos de ellos, posteriormente, se sumaron al movimiento estudiantil.

Antecedentes indispensables

Durante los años de 1972 y 1973, a semejanza de ese grupo de jóvenes estudiantes, que fueron conocidos popularmente como “Los azules”, surgieron otros más,  dentro y fuera de la universidad.
Debido en buena medida a una ola juvenil mundial, de la que ellos formaban parte, su ejemplo se  extendió—de forma sorprendente-- en diversos estratos de la sociedad hermosillense, aún entre jóvenes de alto nivel económico.

El grupo no era político. Rechazaba la política como instrumento de cambio social y humano, porque consideraba que el cambio debía ser interior, que debía producirse en la conciencia y el ser de los  del hombre. 

En realidad el grupo nunca se propuso influir en otros con sus gustos y vagas ideas. No era un grupo organizado; sólo eran amigos que tenían los mismos gustos musicales y literarios. Les gustaba el rock norteamericano; y cantantes como Juan Manuel Serrat, quienes expresaban una nueva forma de sentir, vivir, y expresar los temas de la vida, el amor y del mundo.

También tenían gustos literarios incipientes como lectores de Octavio Paz, Carlos Fuentes, García Márquez, los hermanos Machado, Hesse, Goethe, Nietzsche, Cortázar, Gogol, entre otros.
Debido a ello, algunos de sus integrantes publicaron una revista en que expresaran sus ideas y gustos. Así surgió un folleto literario rústico que se denominó, Germen.

También echaron andar un programa en Radio Universidad en el que hablaban de sus todavía incipientes ideas artísticas y culturales, y tocaban música rock.

Lo descrito anteriormente es un rápido recuento que considero necesario para referirme a una de las consecuencias no deseadas que tuvo el movimiento estudiantil, y que me tocó vivir de forma directa: la radicalización de los estudiantes debido tanto a la influencia de grupos políticos  de izquierda  dentro de la universidad, como a la represión policiaca de la que fueron víctimas por parte del gobierno del estado en 1974.

Como he mencionado antes, para entonces, el movimiento “cultural hippie”, para bautizarlo de alguna forma, tenía una presencia cada vez extensa en Hermosillo.

Nadie que haya vivido en ese tiempo en la ciudad,  podrá olvidar la céntrica calle Rosales inundada de decenas y decenas de jóvenes, mujeres y hombres, con sus vestimentas estrafalarias, diseñadas por ellos mismos, o sentados en las escalinatas del museo de la Unison, conversando y conviviendo, tocando guitarras, cantando, leyendo, o únicamente pasando el tiempo tan sólo para sentirse parte de  esa nueva juventud emergente que no se había visto antes en Hermosillo.

Empero, una vez que estalló el movimiento en pro de la reforma universitaria, en 1973, muchos de esos jóvenes se sumaron a él y empezaron a conocer de política de forma elemental.
Para finales de 1973, y principios de 1974, algunos ya eran líderes políticos estudiantiles.

Sin embargo, en febrero de 1974, ocurrió un acontecimiento traumático: la muerte de dos estudiantes universitarios, Luis Peña y José Shepperd, en un presunto enfrentamiento armado con la policía en las afueras de la Universidad.

El hecho no se aclaró del todo, pero fueron arrestados varios integrantes del grupo, hombres y mujeres, casi todos universitarios, que formaban parte de un grupo presuntamente armado. La ciudad se conmocionó por el suceso, creándose un clima de alta tensión y paranoia en la ciudad.

Pocas semanas después otro asesinato sacudió a la opinión pública hermosillense. El de un conocido y apreciado policía de  edad avanzada que dirigía el tránsito frente a la Universidad,  conocido como “Moralitos”.

A partir de ese asesinato la situación cambió radicalmente.

Persecución y exilio

Pocos meses más tarde, varios líderes estudiantiles y maestros salieron huyendo de Sonora debido a las numerosas órdenes de aprensión que emitió en su contra la Procuraduría General del Estado por  participar en el movimiento estudiantil que tenía paralizada la universidad. 

Decenas de ellos escaparon de Hermosillo de las formas más insólitas, dejando atrás sus estudios, su hogar, sus familias, sus sueños. Mientras que otros fueron víctimas de una intensa vigilancia y hostigamiento policiaco. Menos fortuna tuvieron quienes fueron detenidos y encarcelados.

Ese fue el momento decisivo en el que, a mi juicio, se consolidó, plenamente, la radicalización política de muchos estudiantes y de algunos maestros.

Como amigo, o conocido de algunos de ellos, me tocó recibir a algunos de ellos en la ciudad de México, así como apoyarlos en sus esfuerzos para obtener  solidaridad para el movimiento universitario de parte de organizaciones sindicales, estudiantiles y magisteriales. Querían denunciar lo que había sucedido en la Unison y pedir solidaridad. Algo lograron, pero ya no pudieron regresar a la Universidad de Sonora, ni a Hermosillo. El golpe estaba dado y fue devastador. Sus vidas cambiaron para siempre, y la de Hermosillo, también.

Para finales de 1974, y principios de 1975, algunos de los “exiliados” y perseguidos se integraron a los diversos grupos y grupúsculos políticos  de izquierda, o ultraizquierda,  que proliferaban numerosamente en la UNAM.

 Algunos de esos grupos formaban parte de alguna organización política internacional dentro del escenario de la guerra fría entre las superpotencias: la entonces Unión Soviética, China, Corea del norte, Cuba o Estados Unidos, que los apoyaban o infiltraban de forma abierta o clandestinamente, con el fin de utilizarlos para sus objetivos cuando era posible o necesario.

Otros grupos políticos de izquierda buscaban desarrollar una política independiente de las potencias pero también eran infiltrados por los servicios de espionaje o caían víctimas de luchas intestinas, como era práctica frecuente en México y América Latina, en aquellos años de la “guerra fría”.

Por supuesto que con lo anterior no afirmo que todos los miembros de dichas organizaciones eran “agentes infiltrados” de servicios secretos de gobiernos extranjeros, o que todas sus acciones les fuesen ordenadas por servicios secretos extranjeros, ya que siempre existe un grado, mayor o menor, de libertad. 

En ese periodo, quien escribe no estaba involucrado en la actividad política, aunque el país se sacudía por acontecimientos que impactaban fuertemente a la opinión pública nacional, como acciones guerrilleras, secuestros y asesinatos políticos.

En el año de 1974, un grupo de amigos y amigas, que asistíamos al taller de poesía de Juan Bañuelos, en la UNAM, empezamos a ser invitados a leer nuestras poesías a diversos lugares del país. Conocí, también, a Carlos Monsiváis, quien era director del suplemento cultural de la revista Siempre!, a quien ciertamente, todavía estaban lejos de serlo.

A pesar de ello, Monsiváis, generosamente, publicó mis escritos.

Cuando mis amigos llegaron a la Ciudad de México, huyendo de la policía, intenté sumarlos a los círculos culturales y artísticos de la ciudad con los que mantenía relación, pero no rechazaron hacerlo. Ya no les interesaba. Su politización había llegado al grado de negar sus anteriores inclinaciones artísticas y creencias filosóficas, y a postular, en cambio, la supremacía total de la acción política sobre el arte y la cultura.

Uno que otro llegaba al delirio.

Sucedió lo que dice el poeta, Dante Alighieri, en un verso de la Divina Comedia:

“Y como aquel que desiste de lo que anhela, y por un nuevo pensamiento renuncia a su propósito, de modo que enteramente se aparta de su primitiva idea…” (Infierno, canto II)

Desafortunadamente, en ese tiempo, la Ciudad de México vivía una profunda conmoción. Miles de jóvenes estudiantes reprimidos o asesinados en octubre de 1968 y, después, en junio de 1971, se radicalizaron tanto que llegaron a formar, incluso, grupos armados, porque consideraban que no había otra vía para democratizar la vida del país, o de derrotar al PRI, que hasta entonces gobernaba de manera absolutista y autoritaria el país.

Y esa poderosa vorágine de mil cabezas que existía en el DF atrajo, capturó, o confundió a muchos de los jóvenes sonorenses que llegaron de Hermosillo reprimidos, perseguidos y desorientados, a una sociedad que desconocían por completo.

En la década de los años 70s del siglo 20, en la Ciudad de México proliferaban numerosos grupos de izquierda cuyo problema más importante no eran sus buenas intenciones, esas eran indudables, sino el dogmatismo y el extremismo ideológicos; es decir, la tendencia a proclamar que sus ideas eran las únicas válidas o verdaderas.

Grupos supuestamente comunistas, vinculados directamente a la entonces Unión Soviética, a Cuba, a China, a Corea del norte, al troskismo internacional o al larouchismo, entre muchos otros, con y sin ligas al extranjero, existían al interior y fuera de la UNAM.

Esa situación que vivía México, en particular las universidades, impactó poderosamente no sólo a los jóvenes estudiantes sonorenses, sino a miles en todo el país.

La falta de diálogo, la resistencia a todo cambio, el radicalismo y el dogmatismo, de un lado o del otro, cierran las vías del entendimiento y sólo producen confrontación.
A la sociedad mexicana le ha llevado décadas aprender a dialogar y democratizar el poder. El abuso de poder, el autoritarismo y el dominio cuasi-absoluto del PRI, se habían consolidado en México. La democracia no existía. El camino hacia ella era casi impensable.

Fue debido a la reforma político-electoral de 1978, promovida por el entonces presidente, José López Portillo, que se abrieron los causes para el registro legal de nuevos partidos políticos, lo que posibilitó encausar por las vías legales la oposición al régimen político del PRI y garantizar su representación en los gobiernos locales y en las cámaras de legisladores; es decir, se abrió un proceso democrático en el país que no se había vivido desde la década de los 30s del siglo 20.

Lo que he escrito hasta aquí es mi testimonio personal sobre el Movimiento Estudiantil de 1973 en la Universidad de Sonora.

Muchos más que vivieron esos trascedentes acontecimientos pueden ofrecer sus testimonios con el fin de comprender mejor lo que sucedió, porqué sucedió y sus consecuencias.

No importa en qué bando político se haya militado o participado; derecha, izquierda o centro. Ha pasado bastante tiempo como para que las heridas causadas hayan cicatrizado  plenamente y que las diversas opiniones o filiaciones políticas se hayan matizado, enriquecido o modificado.

Además, México se ha democratizado, por lo que referirse a esos hechos no conduce a persecución o exilio.

Hermosillo, junio de 2013-diciembre, 2016

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viernes, 7 de agosto de 2020

La CIA planeaba desestabilizar al gobierno mexicano

 

La CIA planeaba desestabilizar al gobierno mexicano

Informes de la DFS. Una integrante del Partido Laborista de EU alertó en un mensaje al régimen de Echeverría.

lunes, 16 de marzo de 2020

La polémica encíclica “ecológica” del papa Francisco

La polémica encíclica “ecológica” del papa Francisco




Héctor Apolinar Dossier Politico

Dia de publicación: 2015-09-28


Es evidente que el mundo está en una crisis global que pocos sabemos si va a concluir de manera catastrófica o pacífica. Pero lo cierto es que una de las crisis más dolorosas y devastadoras que padecemos es la destrucción de la naturaleza, que se manifiesta en la contaminación y/o desaparición de ríos lagos y mantos acuíferos.

La mayoría sabemos que existe una enorme contaminación atmosférica en las ciudades, así como de costas y playas en todo el mundo.

Igualmente estamos informados que cada día se talan más bosques, sin que se repongan, y que la desertificación de tierras es acelerada

También sabemos que desaparecen de la faz de la tierra numerosas especies de animales de tierra y de mar.

La explotación irracional de recursos naturales es intensa y es el motor que avanza devorándolo todo sin que se adopten políticas o se tomen acciones para detener esa acelerada dinámica destructiva. Parece que a la mayoría de la sociedad no nos importa lo que sucede, o que nos parece irrelevante el problema, o no tan grave como para modificar el sistema industrial y los patrones consumo vigentes, que son altamente ineficientes y por demás derrochadores, como es bien sabido en el caso del consumo de hidrocarburos y en el desperdicio de alimentos, para poner dos ejemplos.

El 24 de mayo pasado, ocurrió un hecho que pudiera ser importante: el papa Francisco, dio a conocer la primera “Carta encíclica” de su “pontificado”, a la que llamó “Laudato Si’”.

El documento es un llamado a los dirigentes y pueblos del mundo, sean católicos o no, a abordar de manera decidida la “crisis ecológica” que vive la Tierra, debido a “los estilos de vida, los modelos de producción y de consumo, las estructuras consolidadas de poder que rigen hoy la sociedad”, que han causado la destrucción irreparable de amplias áreas de la naturaleza en el mundo.
El documento es ya oficial, lo que quiere decir que se constituye como parte central de las actividades pastorales de la Iglesia Católica en el mundo, por lo que será dado a conocer a todos los fieles católicos con el fin de hacerlos ampliar su conciencia del problema, a la par que son llamados a realizar acciones colectivas e individuales para detener la destrucción de los sistemas ecológicos.

El documento del papa Francisco no se basa en una moda o en una ocurrencia personal con el fin de darle una bandera a su pontificado. Es congruente con los llamados de los papas Juan Pablo II, Benedicto XVI y de Paulo VI, sobre este asunto, así como con los numerosos documentos de las conferencias episcopales de Sudáfrica, Australia, Latinoamérica, Brasil, de Estados Unidos, entre otras, que en los últimos diez años han denunciado la situación que existe en sus regiones, y que Francisco menciona expresamente.

El Papa cita declaraciones clave en la materia, como el que hizo Juan Pablo, quien pidió hacer una “conversión ecológica global”, y también el que hiciera, el eminente Paulo VI.
Dice Francisco: en la encíclica, Pacem in terris, en 1971, “el beato Papa Pablo VI se refirió a la problemática ecológica, presentándola como una crisis, que es « una consecuencia dramática » de la actividad descontrolada del ser humano: « Debido a una explotación inconsiderada de la naturaleza, [el ser humano] corre el riesgo de destruirla y de ser a su vez víctima de esta degradación ». También habló a la FAO sobre la posibilidad de una « catástrofe ecológica bajo el efecto de la explosión de la civilización industrial », subrayando la « urgencia y la necesidad de un cambio radical en el comportamiento de la Humanidad”.

En También se basa en los planteamientos que hizo el papa Benedicto XVI, quien señaló que: « la degradación de la naturaleza está estrechamente unida a la cultura que modela la convivencia humana ».

En otras palabras, el tema de la destrucción de la naturaleza ha sido abordado por la iglesia católica durante los últimos 50 años. 

Sin embargo, no había sido el tema de una encíclica, lo que para los cánones de la iglesia, coloca el asunto en otra dimensión, que no podemos pasar por alto.

El papa está haciendo un esfuerzo amplio para que la iglesia católica y sus seguidores no lo pasen a un lugar secundario en sus preocupaciones y actividades.

Es bien sabido que además de la iglesia católica, hay una conciencia social mundial cada vez más preocupada por la dimensión que está tomando el problema. El propio Francisco menciona el trabajo que ha hecho desde hace décadas el movimiento ecologista internacional.

También se refiere a los mensajes del Patriarca Ecuménico Bartolomé, quien pide que cada uno de nosotros se arrepienta de los males que ha causado a la naturaleza, y quien considera que las agresiones a la naturaleza son pecados porque destruyen la obra de Dios.

En otras palabras, el tema de la destrucción de la naturaleza ha sido abordado con especial claridad por la iglesia católica durante los últimos 50 años. Sin embargo, esos llamados han sido ignorados porque, evidentemente, hay demasiados intereses económicos, además de una cultura, que sostiene el actual modelo industrial consumista, que se basa en el derroche y la ineficiencia en el uso de los recursos.

Cabe preguntarse si ahora que el papa Francisco hace este llamado a la iglesia y a sus fieles, habrá una acción global más firme para reducir sensiblemente la destrucción de la naturaleza, pero, al mismo tiempo, reconstruir mucho de lo destruido.

“El desafío urgente de proteger nuestra casa común incluye la preocupación de unir a toda la familia humana en la búsqueda de un desarrollo sostenible e integral, pues sabemos que las cosas  pueden cambiar”, dice Francisco. 

Veremos. No es una batalla sencilla, pero bien vale la pena hacerla.

La iglesia católica ha sido testigo de grandes cambios de civilización en la historia de la Humanidad, algunos, ella los ha impulsado, en otros, ha sido lo contrario.

Para nadie es un secreto el papel que jugó la Iglesia católica de Polonia en la caída del régimen comunista, lo que abrió las puertas para un cambio político de talla histórica en los países del llamado bloque socialista.

¿Qué dijo el Papa Francisco en Bolivia?

¿Qué dijo el Papa Francisco en Bolivia?




Héctor Apolinar Dossier Politico

Dia de publicación: 2015-09-06


En su corto tiempo al frente de la Iglesia Católica, el papa Francisco ha generado intensas polémicas por algunas de sus posturas sobre temas sociales, como ha sido el caso de la encíclica “Laudato, sí”,  que contiene una fuerte crítica al sistema industrial global debido a la destrucción acelerada de sistemas ecológicos del planeta, mediante la contaminación del ambiente, la tierra y el agua, todo ello con fines de una utilidad económica que califica de irracional y desmedida.
La encíclica fue reprobada por sectores del Partido Republicano de Estados Unidos, algunos de ellos vinculados a los sectores empresariales que se vieron aludidos por las críticas del Papa. No han sido los únicos, por supuesto. Pero, al mismo tiempo, ha sido aplaudida por una amplia gama de personalidades, jefes de estado y de gobierno, así como por organizaciones, muchos de los cuales no son católicos.
Sin embargo, no ha sido esa posición la única que ha causado polémica entre sectores empresariales y políticos, sobre todo, conservadores. En Estados Unidos, algunos comentaristas lo han calificado de “marxista”. Rechazan sus críticas al sistema económico dominante en el mundo, calificándolas de “populistas”.
En su reciente gira por tres países latinoamericanos, Ecuador, Bolivia y Paraguay, el Papa hizo fuertes críticas al sistema económico mundial y se solidarizó con los pobres y excluidos del sistema económico.
El 9 de julio, en Bolivia, pronunció uno de sus más enérgicos discursos, en el que señaló:
“Me pregunto si somos capaces de reconocer que esas realidades destructoras responden a un sistema que se ha hecho global. ¿Reconocemos que ese sistema ha impuesto la lógica de las ganancias a cualquier costo sin pensar en la exclusión social o la destrucción de la naturaleza?”, refiriéndose al sistema económico dominante en mundo.
Y todavía apuntó con insistencia: “¿reconocemos, en serio, que las cosas no andan bien en un mundo donde hay tantos campesinos sin tierra, tantas familias sin techo, tantos trabajadores sin derechos, tantas personas heridas en su dignidad?
“¿Reconocemos que las cosas no andan bien cuando estallan tantas guerras sin sentido y la violencia fratricida se adueña hasta de nuestros barrios? ¿Reconocemos que las cosas no andan bien cuando el suelo, el agua, el aire y todos los seres de la creación están bajo permanente amenaza?
“Entonces, si reconocemos esto, digámoslo sin miedo: necesitamos y queremos un cambio”.
Tal vez ningún líder religioso del mundo occidental ha hecho tan severas críticas al sistema económico internacional, y se ha solidarizado tan firmemente con  los excluidos o victimizados por ese sistema.
“Queremos un cambio, un cambio real, un cambio de estructuras”, dijo Francisco.
“Este sistema ya no se aguanta, no lo aguantan los campesinos, no lo aguantan los trabajadores, no lo aguantan las comunidades, no lo aguantan los pueblos… Y tampoco lo aguanta la Tierra, la hermana madre tierra, como decía san Francisco”, enfatizó ese día en el II Encuentro Mundial de los Movimientos Populares.
Al explicar a qué clase de cambio se refiere, el Papa afirmó que “queremos un cambio en nuestras vidas, en nuestros barrios, en el pago chico, en nuestra realidad más cercana; también un cambio que toque al mundo entero porque hoy la interdependencia planetaria requiere respuestas globales a los problemas locales”.
Aclaró que ese cambio no llegará impulsado por una u otra opción política, porque “sabemos que un cambio de estructuras que no viene acompañado de una sincera conversión de las actitudes y del corazón termina a la larga o a la corta por burocratizarse, corromperse y sucumbir”.
Ante ese sistema, dijo, que es indispensable enarbolar “la globalización de la esperanza, que nace de los Pueblos y crece entre los pobres” y que “debe sustituir a esta globalización de la exclusión y de la indiferencia”.
Francisco añadió que “ustedes, los más humildes, los explotados, los pobres y excluidos, pueden y hacen mucho. Me atrevo a decirles que el futuro de la humanidad está, en gran medida, en sus manos, en su capacidad de organizarse y promover alternativas creativas, en la búsqueda cotidiana de las “tres T”. ¿De acuerdo? Trabajo, techo y tierra.”
A los dirigentes del Movimiento, les pidió alejarse de “modas intelectuales” y de “adoptar poses ideológicas”, y les “nunca pierdan el arraigo a lo cercano, porque el padre de la mentira sabe usurpar palabras nobles, promover modas intelectuales y adoptar poses ideológicas, pero, si ustedes construyen sobre bases sólidas, sobre las necesidades reales y la experiencia viva de sus hermanos, de los campesinos e indígenas, de los trabajadores excluidos y las familias marginadas, seguramente no se van a equivocar”.
Finalmente manifestó que “la Iglesia no puede ni debe estar ajena a este proceso en el anuncio del Evangelio” y que una “colaboración respetuosa con los movimientos populares puede potenciar estos esfuerzos y fortalecer los procesos de cambio”.
El texto completo del discurso  se puede ver en: http://w2.vatican.va/content/francesco/es/speeches/2015/july/documents/papa-francesco_20150709_bolivia-movimenti-popolari.html

https://www.dossierpolitico.com/vernoticiasanteriores.php?artid=163320&relacion=&tipo=Noticias&categoria=1

Del México de Juan Pablo II, al México del papa Francisco (I)

Del México de Juan Pablo II, al México del papa Francisco (I)






Héctor Apolinar Dossier Politico

Dia de publicación: 2016-02-07


Primera parte
La visita del papa Francisco a México, en los próximos días, abrió un amplio debate sobre la situación que guarda la comunidad y la iglesia católica de México, así como interrogantes sobre el mensaje apostólico enviará el Papa a los mexicanos.
Nuestro país ocupa una posición clave en la Iglesia Católica, pues tiene-- bien y regular--, el segundo lugar con mayor número de católicos, mientras que Brasil,  está dejando atrás el puesto número 1 ante al avance de las diversas denominaciones protestantes.
No hay duda de que la visita del papa Francisco ha despertado el interés de amplios sectores de la sociedad, sobre todo, porque llega precedido de una serie de definiciones trascendentes en materia eclesiástica, en materia de relaciones interreligiosas, sobre política internacional, la renovación de la Curia Vaticana, el escándalo de la pedofilia y sobre la civilización industrial y el cuidado de la naturaleza.
Especial atención ha resultado su adopción del nombre de Francisco, el fundador de la orden franciscana, que se fundó sobre el voto de la pobreza.
El papa Francisco encontrará una comunidad católica mexicana herida, golpeada, diezmada y desmoralizada por la descarnada ola de violencia que nos azota desde hace 10 años, que ha dejado como resultado una larga estela de muertes, decapitaciones, un elevadísimo número de personas desaparecidas por la fuerza, incineraciones, hasta personas “pozoleadas”, además de las consecuentes familias desintegradas, sicarios, viudas y huérfanos, que han resultado de estaa tragedia que nos envuelve como nación.
No podemos dejar de mencionarlo porque es nuestra condición actual, nos guste o no.
Evidentemente, el papa Francisco no puede dar solución a estos agudos problemas, pero, tal vez, pueda darles a los católicos un consuelo, un mensaje de esperanza, de resistencia y de lucha ante esa situación.
Hay que tomar en cuenta que el Papa Francisco, siendo provincial de la Compañía de Jesús en Argentina, entre 1973 y 1976, le tocó vivir una era intensa de violencia y enfrentamientos entre la guerrilla de izquierda y los escuadrones de la muerte  miembros de la organización derechista Triple A, que ocasionó numerosos muertos, secuestros y ejecuciones. Todo ello culminó con el famoso golpe de estado militar de 1976, que encabezó el general Jorge Videla.
La junta militar gobernó hasta 1981. En ese periodo la violencia no cedió, pero en esta ocasión, los militares realizaron un intensa cacería de brujas para liquidar a los grupos políticos de izquierda fueran o no guerrilleros, lo que produjo miles de desaparecidos y torturados.
En esos años, la Compañía de Jesús era una de las órdenes religiosas que más simpatía profesaba hacia la teología de la liberación.  Algunos de sus integrantes, se pronunciaban por una alianza con las organizaciones de izquierda e, incluso, por la lucha armada contra gobiernos dictatoriales. Sin embargo,  el entonces provincial, Jorge Bergoglio, procuró mantener la unidad de la Compañía de Jesús, bajo la consigna de "mantener la no politización de la Compañía de Jesús".
Lo que hemos mencionado antes busca ilustrar que el papa Francisco ha vivido de cerca situaciones de violencia parecidas a las que vive México hoy, aunque motivadas por otras causas.
Por ello, podemos esperar un mensaje claro sobre ese lacerante asunto.
El otro asunto que el Papa seguramente abordará en su visita, es el de los altos niveles de pobreza que existen en nuestro país y que agobian a buena parte de los católicos mexicanos, causando una enorme desintegración familiar y, muchas veces, altos sacrificios personales.
Sabemos que México vive un período agónico de transición política y económica, en el que en ocasiones parece que retrocedemos hacia un absolutismo político y a instituciones económicas “extractivas”, dando marcha atrás en las conquistas  democráticas ya logradas.
El papa Francisco, siendo arzobispo de Buenos Aires y, posteriormente, cardenal, vivió procesos de agudas crisis políticas y sociales en Argentina, no solamente bajo la dictadura militar, sino durante el  frágil proceso democrático post-dictadura, en los gobiernos democráticos de los presidentes Raúl Alfonsín y Carlos Menem. Sabe de ello.
Vio, incluso, la renuncia del gobierno de Fernando de la Rúa, causada por las protestas sociales callejeras, y, así mismo, vivió también la elección de Nestor Kirschner como presidente de su país.
Para Argentina llegar a una vida democrática no le ha sido nada fácil. La lucha por ella ha sido larga y costosa.
El papa Francisco, con las heridas que le dejó haber vivido esa historia de su país, seguramente tendrá algo que decirle a México.
Es obvio que, en especial, el Papa viene en su calidad de Vicario de Cristo y no como ciudadano argentino, por lo que el tema central de su visita no es la situación política de México, sino la situación espiritual de su comunidad.
Sin embargo, la condición espiritual de los católicos está severamente impactada por lo antes mencionado, por lo que seguramente estará muy atenta a lo que nos diga el Papa Francisco. 

El papa Francisco en México. ¿Será el papa de los pobres?

El papa Francisco en México. ¿Será el papa de los pobres?






Héctor Apolinar Dossier Politico

Dia de publicación: 2016-02-12


(III y último)
En dos artículos anteriores  he abordado algunos temas que me parecen importantes para enriquecer el entendimiento del viaje del papa Francisco a México. Y no sólo eso. He tratado de señalar algunas situaciones religiosas, sociales y políticas del pontificado del papa Juan Pablo II, quien, sin duda, es el “Pastor de México” para colocar en una perspectiva más amplia el viaje de Francisco.
Es más que evidente que el  papa Francisco encontrará un México muy distinto al que visitó en varias ocasiones el papa Juan Pablo II. Hallará un México desangrado por la violencia, el crimen, la pobreza y la corrupción. Me referí a ello en el primero de mis artículos. (1)
Sobre todo, un México pobre. La mitad de nuestra población se encuentra en diversos niveles de pobreza. Esa condición es un motor que impulsa la delincuencia, la violencia y la emigración de miles o millones de mexicanos.
Tal vez sea la Providencia o no, pero el papa Francisco tomó su nombre de Francisco de Asís, santo de la iglesia, cuyo voto religioso fue el de la pobreza.
San Francisco fundó la orden franciscana sobre la base del voto de la pobreza, lo que fue aceptado por el Gregorio IX y, posteriormente, otros papas, como el papa franciscano Nicolás IV (1289), le siguieron reconociendo.
El gran poeta Dante Alighieri fue miembro de la orden terciaria de los franciscanos, en la que podían ingresar laicos. En su célebre obra, la Divina Comedia, Dante señala a San Francisco como uno de los dos pilares de la Iglesia Católica de ese tiempo, siendo la otra orden la de los dominicos.
“La Tercera Orden Franciscana, o la Orden Franciscana Seglar…ha dado la Iglesia un gran número de Santos y Beatos. Entre los literatos, artistas y científicos que han dado su nombre a la Orden conviene destacar a Giotto, Dante, Palestrina, Perosi, Galileo, Galvani, Volta, Cristobal Colón, Lope de Vega, etc., todos personajes que, haciendo honor a San Francisco, han dado testimonio de su gran intuición de hacer asequible a todos su estilo de vida religiosa”, señala un escrito de la orden franciscana publicado en internet. (2)
En sus homilías y discursos el papa Francisco ha hecho referencia frecuente a la pobreza y a los pobres. Ha hablado de la riqueza espiritual que ha encontrado entre ellos y a señalado que encuentra un vacío espiritual en quienes depositan su vida en la riqueza egoísta, que le voltea a la cara a los pobres.
El 9 de julio, en un discurso que pronunció en el II Congreso Mundial de los Movimientos Populares, que se realizó en Bolivia, dijo que “el clamor de los excluidos  se escuche en América Latina y en toda la tierra”.
Y subrayó: “digámoslo sin miedo: Necesitamos y queremos un cambio”, “un cambio real, un cambio de estructuras; este sistema ya no se aguanta”.
Además, ha hecho un polémico llamado a cambiar el rumbo de la actual “civilización industrial”, que pone toda su fe en la tecnología, olvidando al ser humano y el sufrimiento de millones de excluidos del sistema económico, quienes tienen una riqueza humana menospreciada.
En ese llamado, el papa Francisco sostiene que el sistema económico e industrial actual está destruyendo la naturaleza en el mundo por lo que se debe reconsiderar el consumismo y la persecución de la ganancia “a cualquier precio, sin pensar en la exclusión social o la destrucción  de la naturaleza”.
Ese llamado del papa está plasmado en la primera carta encíclica de su papado (3), la cual ha generado una amplia polémica internacional y fue criticada, sobre todo, por un importante sector del empresariado y las finanzas de Estados Unidos.
Notas:
Nota 1, ver: http://www.dossierpolitico.com/vercolumnas.php?artid=169590&relacion=dossierpolitico&categoria=292
Nota 3, ver: El texto de la encíclica del papa Francisco puede ser consultado en:

domingo, 15 de marzo de 2020

¿ Existe Mex-América?


¿ Existe Mex-América?

Héctor Apolinar Dossier Politico

Dia de publicación: 2008-11-02


Con motivo de la profunda crisis económica de 1994, la más grave que vivió el país en varías décadas, la migración de mexicanos al exterior, en particular, a Estados Unidos se incrementó drásticamente. Se calcula que aproximadamente 500 y 600,000 mexicanos abandonaron el país cada año. El fenómeno no fue menor, sino de dimensiones históricas. Los índices de pobreza aumentaron, el ingreso por hogar cayó cerca de un 40 por ciento y el desempleo alcanzó a cerca de un millón de personas en 1995.
Fue hasta el año 2006, que el ingreso por hogar alcanzó los niveles de 1994.
Los patrones de migración se modificaron notablemente. Ya no fueron Michoacán, Zacatecas, Guanajuato y Jalisco, los estados expulsores de mano de obra a Estados Unidos, fueron casi todos los estados: Chiapas, Oaxaca, Guerrero, Veracruz, Tabasco y Querétaro, entre otros.
En Sonora, por ejemplo, �la mayoría de las poblaciones rurales, sobre todo del centro y norte del estado, se quedaron sin jóvenes y sin personas en edad productiva, porque la mayoría emigró a EU.
Al mismo tiempo, lo migrantes mexicanos se esparcieron por todos los estados de la Unión, hasta lugares como Minnesota, Nueva York, Maine, Delaware, Pennsylvania, entre otros,
El colapso económico brutal que sufrió México no ha sido medido a cabalidad. Sin embargo, al observar los índices de pobreza, nos podemos dar cuenta somera del retroceso patrimonial, alimenticio, nutricional, de salud y de habilidades que sufrieron amplios sectores de nuestro país o, tal vez, que sufrimos todos, a veces, sin darnos cuenta.
Sin embargo, entre los escombros que quedaron surgieron procesos dignos de subrayarse como fue la derrota histórica del PRI y su salida de la Presidencia de la República, que despertó grandes esperanzas de una vida democrática en el país y del mejoramiento de la vida nacional, sobre todo, la esperanza de que se produjera una reducción de la corrupción y� en los niveles de impunidad.
Por el otro lado, la migración de mexicanos a Estados Unidos, aunque fue un fenómeno involuntario y forzado por las circunstancias, también es cierto que ha hecho que varios millones de mexicanos (se calcula que seis millones emigrados los últimos años),� participen de la vida económica de la potencia número uno del mundo. Y esa influencia mutua que se produjo �ha sido benefica, a pesar de que la mayoría de los mexicanos que emigran no son los que tienen mayores niveles de escolaridad y la mejor capacitación.
Diversos municipios y gobiernos estatales de EU se han visto en problemas para asimilar a un grupo étnico y cultural distinto al suyo, que ha llegado a sus comunidades en grandes cantidades, no esperadas ni calculadas. Los norteamericanos se han enfrentado� a una población a la que tienen que capacitar para que pueda realizar ciertos trabajos calificados, así como educar a los hijos de millones de migrantes, sin contar con los profesores o maestros capacitados para hacerlo. La tarea no es sencilla, y algunos gobiernos locales han reaccionado con sanciones �a los migrantes, negándoles escuela, asistencia social y de salud.
La reacción ha llegado a los niveles extremos que conocemos ahora cuando el gobierno federal y el Congreso norteamericanos, han aprobado leyes que autorizan la persecución policiaca y la deportación masiva de trabajadores indocumentados.
A pesar de ello, el fenómeno migratorio no voluntario ha dado como resultado una mayor integración de ambas sociedades. México y Estados Unidos, a pesar de sus políticas públicas, están más integrados ahora que antes. Estamos atados por la frontera común que tenemos, pero como siameses peleados, volteamos nuestros rostros hacia lados opuestos.
México y Estados Unidos son sociedades culturalmente distintas. Profundamente distintas y es por esa razón que se llega a producir una especie de “choque de civilizaciones”.
México es una sociedad tradicionalista y Estados Unidos valora, sobre todo, la innovación y el cambio constante.
México es una sociedad basada en la familia, y EU es una sociedad individualista.
México es católico y EU es protestante.
Muchas son las diferencias entre nuestras sociedades. Lo sabemos. Sin embargo, a pesar de ello, se produce día con día una integración social y cultural silenciosa.
Algunas de las tradiciones culturales de los mexicanos son reconocidas y apreciadas. En México la cultura empresarial norteamericana, su rica cultura popular, es apreciada, estimada e imitada por millones de mexicanos desde hace décadas.
El “México profundo” que habita en Oaxaca, Puebla, Chiapas, Tlaxcala, Hidalgo, entre otros estados, ya se encuentra trasplantado en la sociedad más moderna del mundo. El choque es fuerte, pero positivo, a pesar de los problemas que conocemos.
Este nuevo fenómeno, de gran envergadura y de alto impacto es, no hay duda, uno de los acontecimientos más novedosos e interesantes que se hayan producido en las relaciones entre EU y México, cuyas consecuencias serán más provechosas e importantes de lo que calculamos.

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