viernes, 20 de julio de 2018

Javier Cercas, Roberto Bolaño, Mario Santiago…



Héctor Apolinar Dossier Politico

Dia de publicación: 2017-05-16


En su más reciente novela, “El monarca de las sombras” (2017), el escritor español, Javier Cercas cita un comentario que le hizo, o tal  vez inventó que le hizo en una ocasión su amigo el cineasta y también escritor español,  David Trueba, de que las mejores novelas nacen cuando el tema elige al escritor y no al revés.

Al leer ese pasaje me pareció comprender el motivo por el que desde hacía dos meses había escrito una serie de crónicas de mis recuerdos personales sobre dos acontecimientos ocurridos en mi juventud que fueron decisivos en mi vida pero también en la historia política de México: el primero de ellos fue mi testimonio sobre el movimiento estudiantil de la Universidad de Sonora de 1973 y, los segundos, fueron tres crónicas sobre el secuestro del que fui víctima en abril de 1975, en la ciudad de México, como presunto involucrado en un conocido incidente que quedó grabado en la historia reciente como “La pedrada a Echeverría”, quien era presidente de México (1970-1976). 

El comentario que menciona Cercas, me hizo caer en cuenta en que mis crónicas se refieren a acontecimientos políticos y personales ocurridos entre 1971 y 1975, incluido en ellos, el golpe de estado contra Salvador Allende, en Chile.

Ya había notado algo de eso. Empecé a darme cuenta que ese periodo se acumulaba en mi mente llevándome a hacerme una serie de preguntas que quería responder y concluí que la mejor manera de responderlas era escribiendo sobre ello, poniéndolo en blanco y negro para después ver cuál era el cuadro que surgía.

Además observé que, en los últimos años, había escrito artículos de fondo sobre la trama mexicana relacionada al asesinato del presidente Kennedy, en 1963; también sobre las triangulaciones financieras que se hicieron a través de México para pagar la operación que condujo al famoso escándalo Watergate,  que ocurrió en 1973, y que condujo, después, a la renuncia del presidente Nixon. Y, además,  escribí otros relacionados con algunas acciones de los servicios clandestinos de información del gobierno mexicano durante los años sesentas y setentas del siglo XX.

Me di cuenta que estaba escribiendo sobre un período de la historia de México que es paralelo a otro que preocupó a Roberto Bolaño: ese periodo de la historia latinoamericana signado cruelmente por el golpe de estado en Chile, que condujo a la destrucción del mundo en el que Bolaño había crecido,  acontecimiento que lo marcó para toda su vida, al igual que a un amplio sector de la juventud latinoamericana.

No fue el único. Otro de los temas que obsesionaron a Roberto fue el de la  lucha, a veces desesperanzada, de miles de jóvenes latinoamericanos por impulsar el cambio social en casi todos los países latinoamericanos en ocasiones a costa de su vida.

Su lucha sin éxito, fue para Bolaño una dolorosa herida porque vio a muchos contemporáneos de él, morir, de una forma o de otra. Bolaño reivindica el valor de esos jóvenes, hombres y mujeres, su entrega decidida, pero también su tragedia.

Además todo ello coincidía con el hecho de que el año 1974, conocí a Roberto en la Universidad Nacional Autónoma de México, donde yo participaba en el taller de poesía del poeta, Juan Bañuelos, al lado del Mario Santiago, quien pocos años después añadiría a su nombre el de Papasquiaro.

Mario Santiago fue el gran amigo de toda la vida de Bolaño, y mí me tocó ser, en ese tiempo, el amigo más cercano de Mario. Fue así que los tres iniciamos una breve amistad. La de ellos muy larga, la mía breve, porque poco tiempo después, ese mismo año de 1974, deserté de la poesía y de la literatura para irme a la lucha política de izquierda, a lo que me he referido en una de mis crónicas. (1)

Fue a la tragedia de esos jóvenes que se fueron a la lucha a los que cantó Bolaño en algunas de sus novelas y relatos.

Caí en cuenta que, como él, ahora yo, muchos años más tarde, estaba contando esa historia buscando una explicación a lo que ocurrió, en una especie de ajuste de cuentas con el mundo que nos tocó vivir.

Lamentablemente nunca volví a ver a Roberto Bolaño antes de su muerte. A Mario Santiago, tampoco, salvo en una breve ocasión en que nos encontramos accidentalmente en el parque México, de la Ciudad de México. El encuentro fue triste y no vale la pena narrarlo aquí.

Es muy probable que Cercas y Bolaño conversaran de Chile, por supuesto, pero también de México e, incluso, de Sonora.  Bolaño no sólo tenía estrechos vínculos con México, sino también con Sonora, puesto que, Julio Montané, el padre de su mejor amigo chileno, Bruno Montané, estaba viviendo en Hermosillo, la capital del estado de Sonora.

Javier Cercas no vivió de lleno los acontecimientos que preocupaban a Bolaño, como lo fue el golpe de estado contra Allende, y sus dolorosas consecuencias, puesto que en 1973, apenas tenía once años de edad.

En su nuevo libro, el escritor español hace un ajuste de cuentas con su pasado político familiar y, al mismo tiempo, con un periodo terriblemente doloroso y sufrido de la historia de España, el de la Guerra Civil, a través de la historia de su tío-abuelo, Manuel Mena, que murió en esa guerra. El tema lo jaló mucho tiempo por las patas.

Me pareció revelador  lo que le dijo David Trueba: los temas nos eligen. En verdad son ellos los que impulsan nuestras manos a escribir esas historias tratando de esclarecerlas y de comprenderlas. 

Por otra parte, en alguna ocasión alguien esclarecerá la serie de coincidencias que llevaron a Roberto Bolaño con Javier Cercas y, a través de él, a los ecos de la vida trágica del  malogrado poeta mexicano Mario Santiago Papasquiaro. Y también a Chile, México y España.

Nota 1, ver: https://www.google.com.mx/search?q=hecvtor+apolinar%2C+mi+testimonio&oq=hecvtor+apolinar%2C+mi+testimonio&aqs=chrome..69i57.9071j0j7&sourceid=chrome&ie=UTF-8
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