La asombrosa Universidad de Sonora
Héctor Apolinar Dossier Politico
Dia de publicación: 2013-01-31
Qué distinta es la actual Universidad de Sonora a la que miré en la década de los 90s del siglo XX. De la Universidad de los años 70s , de ese siglo XX, no quedaba casi nada. En cambio, se observaban pequeños edificios de aulas que parecían escuelitas primarias, fabricadas con materiales de segunda.
Esas escuelas mal hechas eran indignas de un campus universitario. La desolación parecía habitar en ellas y no una vigorosa comunidad universitaria con una academia brillante y próspera. El panorama era triste.
La Universidad de Sonora parecía haber caminado hacia atrás, parecía haber involucionado, debido, tal vez, al abandono financiero, a las crisis económicas que caracterizaban a México entonces, o a los malos gobiernos estatales.
En realidad era todo eso pero, sobretodo, debido al desgobierno de aquél indigno rector de nombre Alfonso Castellanos Idíaquez, que fue sostenido en el puesto, de forma ilegal, por un grupo de hermosillenses trasnochados y desorientados, que creyeron ilusamente que sosteniendo a un hombre mediocre, pero obediente y tozudo, detendrían y desactivarían a los estudiantes críticos y de izquierda que tenían una amplia influencia en la universidad en aquellos años.
Lograron desterrar y reprimir a muchos jóvenes universitarios de entonces, utilizando el abuso del poder, pero al hacerlo le dieron un golpe casi mortal a la universidad, dejando que se adueñara de ella la mediocridad y los conformistas que sólo aprendieron a levantar el dedo pero no a pensar de forma autónoma y crítica, con lo que detuvieron la esencia del pensamiento universitario.
Por supuesto nadie podría defender los excesos infantiles en los que incurrieron de grupos de izquierda en aquellos años, pero, en realidad, no eran nada peligrosos comparados con quienes tenebrosamente abusaron de su poder y lo ejercieron de forma irracional y excesiva, producto de su ignorancia y falta de educación universal.
Así se hundió la Universidad de Sonora en la oscuridad que duró demasiados años.
Hoy la Universidad ha cambiado notablemente. No sólo hay paz, sino que los alumnos y maestros gozan de nuevos edificios, mucho mejores a las “escuelitas” de las décadas de los 70s y 80s, y además, cuentan con un equipamiento como no se había tenido en ninguna otra etapa de la historia universitaria.
Hoy los universitarios tienen muchas más ventajas y condiciones superiores a las que soñamos alguna vez quienes estudiamos en la universidad.
Muchos sonorenses luchamos por lograr que la universidad se recuperara precipicio en el que cayó y que se levantara y progresara para alcanzar altos niveles de desarrollo como el que se requiere y al que se debe de aspirar.
Por supuesto que es ridículo pensar que los problemas se resolvieron y que por contar con una estupenda infraestructura y equipamiento la Universidad es garantía de calidad total. Ello depende de la planta docente y del interés de miles de estudiantes por el conocimiento y la formación continua más avanzada. Nada puede suplantarlos. Si eso no existe, la universidad muere, no importa quién la habite y cobre becas o sueldos, ya que llegaría a ser como lo acontecido en el cuento de Edgar Allan Poe, El extraño caso del señor Valdemar.
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