martes, 26 de septiembre de 2017


Elba y Manlio





Héctor Apolinar Dossier Politico

Dia de publicación: 2013-03-01


La vida es generosa. Me dio la oportunidad de ser testigo del ascenso de Elba Esther Gordillo a la dirección del SNTE, en la Ciudad de México, y ver su caída desde la lejanía de la tierra de uno de los políticos más despreciados por ella: Manlio Fabio Beltrones Rivera.
Extraños acontecimientos.
No recuerdo con precisión el año, pero debió ser el segundo año del gobierno de Carlos Salinas de Gortari, cuando me encontraba de visita en el Palacio de Bucareli, sede de la Secretaría de Gobernación, cuando observé a dos personas que subían las escaleras de lo que es el salón Benito Juárez: Elba Esther Gordillo, quien no era aún dirigente del SNTE, y al entonces subsecretario de gobernación, Manlio Fabio Beltrones.
A ambos los conocía, pero por respeto, me mantuve a una “sana distancia”. Los dos caminaron hacia el despacho del eminente Fernando Gutiérrez Barrios, a la sazón secretario de Gobernación, quien se encontraba en la cúspide de su carrera administrativa y política.
Tiempo después me pude dar cuenta qué propósito tenía esa visita: ir sondeando y manejando el posible ascenso de la maestra Gordillo a la secretaría general del SNTE, pues así  sucedió tiempo después.
A la maestra Gordillo la conocía más por razones familiares que políticas, que se debió más que nada a que una de sus hijas, probablemente la mayor, estudiaba en una escuela primaria ubicada en la avenida Miguel Laurent, en Coyoacán, en la que yo tenía algunas amistades.
Con quien sí tuve relación personal ocasional fue con Carlos Jongitud Barrios, a quien conocí siendo él senador y yo reportero, metido en actividades políticas. El entonces líder del SNTE era un fiel seguidor del ex presidente Luis Echeverría Álvarez, quien lo había apoyado para que fuera dirigente del SNTE, destituyendo al viejo cacique del sindicato, Jesús Martínez.
Martínez fue destituido por Jongitud a la fuerza, en una acción insurreccional, en conjunto con la toma de la sede del sindicato.
Años después, Jongitud renunciaría a la dirigencia del SNTE a petición del entonces presidente Salinas de Gortari, quien apoyó el ascenso de Elba Esther Gordillo, quien reinaría en el sindicato y que, más tarde, se convirtió en una poderosa hacedora de carreras políticas y  negociadora de votos al más alto nivel. Se convirtió no sólo en una líder sindical de enorme poder, sino en un actor político de primer nivel, que podía decidir el curso de una elección presidencial.
La vida me dio la oportunidad de ser testigo de su ascenso y también de su caída.
La última ocasión que la vi fue durante la celebración de un congreso nacional del SNTE en Hermosillo. La saludé y creo que me recordó lejanamente, o al menos, por cortesía quiso dar esa impresión.

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