martes, 26 de septiembre de 2017


El 10 de noviembre de 1928, Vasconcelos besó tierra sonorense




Héctor Apolinar Dossier Político

Dia de publicación: 2010-11-10


Exaltado, vehemente, con la palabra incendiada por el fuego de la pasión que se posesiona de él, el escritor Óscar Monroy Rivera, quien fuera su colaborador cercano, narra el día, la hora, la circunstancia, el hecho, el momento preciso, en que José Vasconcelos cruza la frontera México-EU, para entrar a Nogales, Sonora, por la aduana antigua, y es recibido por cientos de nogalenses, quienes más tarde, en número de 5,000 escucharían el primer discurso que dio Vasconcelos después de su largo periplo por Europa, el Medio Oriente, el Caribe y, por último, Estados Unidos de América.

Vistiendo los hechos con el fuego de sus palabras, Óscar Monroy, entre el delirio y la razón, cuenta:

--Vasconcelos cruza la línea divisoria a las 12 de la mañana. Se agacha, baja la mano, levanta un puñado de tierra, lo va subiendo poco a poco hacia los ojos bañados en lagrimas, con sus lagrimas moja la tierra, la sube hasta la boca, la besa y la tira al aire, y sigue caminando.

Un jovencito que lo mira de cerca, queda impactadísimo.

Y continúa Óscar Monroy narrando ese episodio casi olvidado entre los sonorenses:

-- Se sube Vasconcelos al estrado del cine Obregón; 2, 500 en luneta, 2,500 en gayola. Dice en el discurso que pronuncia y que tiene importancia para 34 naciones de América, que reconoce que está inspirado en el Canto 24 de la Divina Comedia de Dante Alighieri.

¡Y si eso es así, Dante Alighieri es padrino moral de los sonorenses, padrino moral de los fronterizos, padrino moral de los altopimalteños que vivimos en la América Septentrional de 3,456 kilómetros de frontera!,

Exclama en voz alta, con vehemencia Óscar Monroy, como para que escuchen, y escuchen bien, todos los visitantes a la Feria del Libro de Hermosillo, que se encuentran ahí, cuando lo entrevistamos en puesto que colocó en la feria con sus libros.

Óscar Monroy continúa su relato:

Termina su discurso, sale. El jovencito está expectante, viendo, electrizado por Vasconcelos, quien se le queda viéndolo a la cara. Y le pregunta:

--¿Y tú quién eres?

El jovencito, temblando, le responde: yo no soy nadie.

Vasconcelos exclama: ¿cómo es posible que un joven acepte que no es nadie?

El jovencito le dice: es que a mi me mandaron de Hermosillo a recoger un motor que arreglaron en Estados Unidos y vine a recogerlo pero me topé con que usted cruzaba la frontera.

Vasconcelos le dijo: Te vuelvo a preguntar: ¿Tú quién eres?

El jovencito respondió: soy un sonorense que no es nadie.

--¿Y quieres ser alguien?, le pregunta Vasconcelos.

--Sí.

--Vete a México y búscame.

Monroy continúa: José Vasconcelos le pagó la carrera de abogado en México a ese jovencito, quien durante 25 años fue director del jurídico de departamento de alcoholes del Departamento del Distrito Federal.

Ese jovencito, que entonces tenía 17 años era Gilberto Suárez Arvízu, quien fue, décadas más tarde, el primer candidato a gobernador de Sonora por el Partido Acción Nacional. Fue él, quien narro los hechos mencionados a Óscar Monroy.

Al volver a México, Vasconcelos inició una intensa campaña electoral por el país en busca de ganar la Presidencia de La República. Su campaña tuvo un enorme arrastre popular, pero el grupo que se había adueñado del poder con mano de hierro, dirigido por Plutarco Elías Calles, obstaculizó por todos los medios su campaña, y hostigó constantemente a sus simpatizantes.

Unos meses antes, el 17 de julio había sido asesinado Álvaro Obregón, a manos de un creyente católico radicalizado.

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