Monterrey y los jóvenes sonorenses
Héctor Apolinar Dossier Politico
Dia de publicación: 2017-01-24
Mientras la mayoría de la sociedad sonorense, aquellos
ciudadanos y ciudadanas, jefes de familia, medianamente o escasamente
informados, tratan de brindarle educación escolar a sus hijas e hijos, con gran
sacrificio, así como inculcarles una
educación moral con la esperanza de que sean personas de bien, los
medios de información, los programas de noticias, transmiten escenas de
decapitados y de constantes asesinatos en el país, como los de Ayotzinapa,
entre muchos otros.
En los medios de comunicación de México, y del extranjero,
se informa que México tiene altos índices de pobreza y de delincuencia, también bajos niveles de escolaridad y
educación de baja calidad.
Estos adolescentes y jóvenes sonorenses saben que México es
conocido en el mundo por sus altos niveles de corrupción e impunidad, por la
baja calidad del sistema de impartición de justicia y por la corrupción
imperante en los partidos políticos y en los gobiernos.
Nadie les puede ocultar esa información. Ya la conocen. Están creciendo con ella. Lo anterior
explica, en buena medida, el menosprecio por el país, idea o percepción que socava la credibilidad
en el país, que es la base de la cohesión social de una nación.
Qué grave que eso esté sucediendo en Sonora. Las
consecuencias sociales de ello son cada vez más patentes: desilusión y
disolución sociales. Qué grave, porque eso genera, también, abandonar las
buenas intenciones y aspiraciones para ir en busca de fama, placer y fortuna
por cualquier medio posible, preferentemente por medios ilícitos o pasando por
encima del prójimo, o tratando de refugiarse en su vida privada para no tener
que ver nada con la contaminación social y mantenerse al margen de las noticias
como si eso borrara la realidad de lo que ocurre.
Lo que hemos mencionado antes conduce a que el respeto a la
ley sea sumamente débil y que la credibilidad en los gobiernos sea muy baja.
Mientras los gobiernos no den muestra firme de que respetan la ley, de que
combaten la corrupción en sus filas, y de que son gobiernos electos por el voto
y no por la compra del voto de los más pobres, será muy difícil frenar la
delincuencia, la violencia y la muerte, que ataca a todos los estratos sociales
y ciudades del país.
Sin embargo, la juventud observa que no se enjuicia a ex
gobernadores acusados de graves actos de corrupción, como Javier Duarte, de
Veracruz, y que, en cambio, parece que se le protege.
Afirmar que la juventud sonorense no se deja avasallar por
tan oscuro panorama sería un despropósito. La juventud está sufriéndolo en
carne viva, a muchos miles se le deja sin ilusiones sobre su futuro y, a veces,
sin presente.
¿Qué quiere la juventud de Sonora?
Sin embargo, hay en todo esto que hemos mencionado hay un
aspecto que no se toca. A la juventud que tiene la fortuna de asistir a la
escuela primaria, secundaria o preparatoria, jamás se le pregunta qué quiere,
qué necesita o qué piensa o propone.
Ni los gobiernos, ni los empresarios de Sonora conocen o se
interesan sobre cuáles son sus ideas y necesidades. Creen que con una
escolaridad rígida y, en ocasiones, poco creativa, los jóvenes estarán más que
satisfechos. Qué lejos están de la realidad.
En otras palabras: no es eso lo que más les satisface,
aunque una buena educación es un satisfactor importantes porque atiende y se
interesa en sus necesidades vitales como adolescentes o jóvenes. Sin embargo,
lo que más les interesa es responder a preguntas y dudas que tienen sobre su
vida, sobre su ciudad, su país, sobre las relaciones de pareja, sobre
cuestiones sexuales, sobre si existe el amor o Dios.
El distanciamiento del que hablamos genera que se presenten
“repentinamente” acontecimientos aparentemente “sorpresivos”, como el asesinato
de una maestra y de un estudiante de secundaria de una escuela, en Monterrey, a
manos de un alumno que, posteriormente, se suicidó.
El hecho conmocionó al país, pero más a la sociedad de
Monterrey, que tiene unas de las economías más pujantes de México, porque jamás
imaginaron que eso pudiera ocurrir, en particular, en una escuela privada.
No cometamos el error de pensar que ese fue un hecho
aislado, ya que hay violencia cotidiana en las escuelas de Sonora, una
violencia que no rebasa los niveles “cotidianos” y que, por lo tanto, no llama
la atención, es un tipo de “violencia tolerada”.
Afortunadamente, en los últimos años, en Hermosillo se ha
incrementado el número de parques
deportivos-- no sé si en otras ciudades también--, lo que favorece que
muchos jóvenes se diviertan y canalicen
su energía física y mental en actividades deportivas. Se fomenta así la
amistad, el entendimiento, la identidad y el trabajo en equipo.
A pesar de ello hay un aumento de suicidios entre jóvenes,
se produce un alarmante número de embarazos de adolescente que, desde mi punto
de vista, también son agresiones muy graves porque se coarta y obstaculiza el
desarrollo de muchas jóvenes que, repentinamente, ven trastornadas sus vidas
para siempre.
Por esas poderosas razones no debemos pedir o exigir a los
jóvenes únicamente excelencia académica, sino que, al mismo tiempo, el sistema
educativo de Sonora debe adoptar planes para atender las necesidades o
aspiraciones vitales de los jóvenes; es decir, para atender el desarrollo de
sus personas.
La gobernadora Claudia Pavlovich, puede contribuir a que el
sistema educativo contemple esa tarea y tenga esa orientación.
Hay quienes sostienen que no es tarea del sistema educativo
y los centros escolares hacerlo, sino de los hogares, las familias y de las
iglesias. Hay algo de cierto en ello,
pero en las familias se enseñan hábitos y moral, no se les dan clases de
filosofía, historia o de política, que son disciplinas que abordan temas de
fondo sobre la sociedad, su pensamiento y evolución.
Los jóvenes sonorenses no son únicamente hijos de familia o
un número X, sino que, al mismo tiempo, son personas históricas, es decir,
sujetos y objetos de la historia que y del desarrollo de la sociedad sonorense
y mexicana. Las familias por sí mismas, aisladamente, no puede enfrentar o
explicar un problema que es social, económico o social, para eso está el sistema
escolar.
No comprender este fenómeno, es abandonar a los jóvenes a su
suerte, que puede ser buena, mala o pésima.
Correo electrónico:
hector.apolinar@gmail.com
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