sábado, 21 de enero de 2017

Fidel Castro y Averell Harriman en la “guerra fría”

 Fidel Castro y Averell Harriman en la “guerra fría”

Por: Héctor Apolinar

Uno de los más destacados, experimentados e inteligentes diplomáticos y políticos norteamericanos del siglo 20,  Averell Harriman,  comenta en uno de sus libros que en una ocasión (finales de la década de los 60s) habló con Alexei Kosygin, entonces presidente de la ahora desaparecida Unión Soviética (comunista),hoy Rusia (no comunista), “acerca de (Fidel) Castro”. (1)

En esa conversación le peguntó porqué estaban “apoyando…los esfuerzos cubanos por activar las insurrecciones de América del Sur…porqué adiestraban a…jóvenes en la creación de disturbios”.
Al parecer, Harriman se refería, más bien, a los grupos guerrilleros que surgieron en varios países latinoamericanos con apoyo cubano, como sucedió en Venezuela, Perú, Bolivia, entre otros.
Kosygin le respondió a Harriman que esos grupos “hablan en nombre del pueblo”.

--“No es cierto”, respondió Harriman. “No podrían. No son más que un puñado”.(2)  A ello, Kosygin insistió en su mencionada respuesta.

Sin embargo, el diplomático norteamericano, quien había conocido personalmente a los líderes comunistas Trotsky y a Stalin, entre muchos otros, nos dice que comprendió que la idea de que un pequeño grupo político puede hacerse del poder e imponer sus dictados autonombrándose representantes de la mayoría del pueblo, era congruente con la forma en que los dirigentes comunistas rusos habían tomado el poder en Rusia.

“Esta es, por tanto, la concepción de Kosygin. Y mientras los dirigentes soviéticos se muestren dispuestos a apoyar el empleo de la fuerza para imponer su voluntad y doctrina sobre otras gentes, tendremos dificultades, tendremos discordias, tendremos enfrentamientos”. (3)

Sobre Fidel Castro, Harriman  dice que “me parece adivinar que los soviets están un poco hartos de él. Juega demasiado con Pekín (China, ndr). Es un lujo muy caro, pero no pueden permitirse abandonarlo. Es el símbolo del comunismo en el hemisferio occidental”. (4)

El experimentado Harriman, conocedor de los políticos comunistas rusos, consideraba que la política de la Unión Soviética hacia América latina no era la misma que la de Fidel Castro.

“Me inclino a pensar”, dice el político demócrata norteamericano, “que la principal política soviética en América del sur consiste en apoyar, como en Chile, a los partidos comunistas legales en sus intentos de crear frentes populares con otros partidos izquierdistas…Desde luego el ulterior objetivo comunista se propone hacerse con el control, eliminando a los restantes partidos y suprimiendo los procedimientos democráticos constitucionales.” (5)

Y apunta: “resultará sumamente interesante observar los acontecimientos que se produzcan en Chile”. (6)

En el caso de Chile, podemos decir en su descargo que él ya no formaba parte del gobierno norteamericano que encabezaba entonces (1970) Richard Nixon (republicano), quien, con Henry Kissinger a la cabeza, lanzó una ofensiva política y económica subversiva contra el gobierno del presidente de Chile, Salvador Allende, que no era comunista ni parte de la órbita cubana, pero tampoco su enemigo, mientras que Kissinger argumentaba que Allende sería la “cabeza de playa” de la Unión Soviética y de Cuba en América latina por lo que había que obstaculizarlo.

Hasta ahí la conversación de Harriman con Kosygin y sus reflexiones respecto a Castro.
Las observaciones fueron, en lo esencial, muy acertadas, pero pocos  políticos de izquierda en América Latina lo escuchamos en ese entonces.

Eso explicaría porque su libro fue poco leído. Muy probablemente por el prejuicio  de que era un político y ex funcionario del gobierno norteamericano, sin que se tomara en cuenta sus conocimientos y vasta experiencia en el trato con los líderes rusos, al igual que en materia política internacional, que son evidentes para quien lea su libro. Es decir, por ceguera mental.

Desafortunadamente para los países latinoamericanos, amplios sectores de la juventud universitaria de la década de los 60s y 70s, creyeron que a través de la guerrilla podrían derrocar a gobiernos,  y encabezar otros, basando su falsa creencia en las luchas populares armadas que ocurrieron en Vietnam del sur durante las décadas de 1950, 60s y 70s del siglo 20, donde las guerrillas tenían un amplio apoyo social.
De la misma forma, creyeron que, como sucedió en Cuba, una guerrilla como la de Fidel Castro podría triunfar, haciendo a un lado la situación social, política y económica de ese país, pero animados por ideologías y cálculos erróneos, así como por el apoyo que les proporcionaron Cuba, Corea del norte, China y la Unión Soviética.
Todos los movimientos guerrilleros en América Latina de los años 60s y 70s y 80s, del siglo 20, fracasaron estrepitosamente, llevando a la muerte a jóvenes  que merecían un mejor destino.
Incluso las acciones guerrilleras que emprendió el mitológico Ernesto “Che” Guevara en el Congo en 1965 (7) y, posteriormente en Bolivia, fracasaron y lo condujeron a la muerte a manos de soldados bolivianos.
Ciertamente la cerrazón y exclusión política de gobiernos antidemocráticos, o poco democráticos, en varias naciones de Latinoamérica, como sucedió en México, fue un poderoso detonante del descontento de las juventudes de aquellos años que querían, sobre todo, libertades políticas y mayor igualdad social y económica, lo que todavía no se logra.

Desde mi punto de vista, como en el de otros más, Averell Harriman merece reconocimiento por su valioso desempeño político y diplomático durante y después de la Segunda Guerra Mundial, así como por su firme e inteligente posición de llegar a un acuerdo político-diplomático para finalizar la guerra de Vietnam, un conflicto que tanto daño a los Estados Unidos y al mundo.

Harriman fue el jefe de la delegación norteamericana que asistió a las negociaciones con Vietnam del norte y Vietnam del sur, que culminaron en un acuerdo de paz que estaba listo para firmarse en noviembre de 1969, pero que fue saboteado por el gobierno de Vietnam del Sur, por inspiración de Henry Kissinger, quien le recomendó al gobierno de Vietnam del sur no firmar el acuerdo hasta que no fuera elegido un nuevo presidente a principios de 1970. (8)

Resultó electo, Richard Nixon, por un margen del 1% de la votación, en cuyo gobierno, Kissinger fue nombrado jefe del poderoso Consejo Nacional de Seguridad, desde donde influyó decisivamente en la política internacional de EU. A la renuncia de Nixon en 1974, Kissinger fue nombrado secretario de estado de EU, lo que le dio un mayor dominio de la política exterior norteamericana.

Harriman merece reconocimiento por  lo antes mencionado y, además, por haber luchado públicamente porque Estados Unidos aplicara una política moderada, inteligente y respetuosa, aunque firme, en el mundo, basando su fuerza en los principios de libertad y democracia  y no tanto en la imposición de su fuerza militar.

Por abanderar esas causas, difirió grandemente con la política internacional del gobierno de Richard Nixon y Henry Kissinger, la que consideró negativa para la paz en el mundo y el “liderazgo moral” de los Estados Unidos.

Notas:

Las notas 1, 2, 3, 4 ,5 y 6 son del libro: América y Rusia en un mundo que cambia, de Averell Harriman; Ediciones Grijalbo, 1973; págs. 105 y 106.

Nota 7: ver “The state of Africa”, de Martin Meredith; Simon and Schuster, UK, 2013. Págs: 148-150.

Nota 8: ver, “América y Rusia…”, Págs.159-64

Nota 9: ver: http://www.dossierpolitico.com/vercolumnas.php?artid=172056&relacion=dossierpolitico&categoria=292

Publicado originalmente en:  http://www.kandire.bo/index.php?option=com_k2&view=item&id=8655:fidel-castro-y-averell-harriman-en-la-guerra-fria&Itemid=1645&lang=ES

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