Por: Héctor Apolinar
Uno de los más destacados, experimentados e inteligentes
diplomáticos y políticos norteamericanos del siglo 20, Averell Harriman, comenta en uno de sus libros que en una
ocasión (finales de la década de los 60s) habló con Alexei Kosygin, entonces
presidente de la ahora desaparecida Unión Soviética (comunista),hoy Rusia (no
comunista), “acerca de (Fidel) Castro”. (1)
En esa conversación le peguntó porqué estaban “apoyando…los
esfuerzos cubanos por activar las insurrecciones de América del Sur…porqué
adiestraban a…jóvenes en la creación de disturbios”.
Al parecer, Harriman se refería, más bien, a los grupos
guerrilleros que surgieron en varios países latinoamericanos con apoyo cubano,
como sucedió en Venezuela, Perú, Bolivia, entre otros.
Kosygin le respondió a Harriman que esos grupos “hablan en
nombre del pueblo”.
--“No es cierto”, respondió Harriman. “No podrían. No son
más que un puñado”.(2) A ello, Kosygin
insistió en su mencionada respuesta.
Sin embargo, el diplomático norteamericano, quien había conocido
personalmente a los líderes comunistas Trotsky y a Stalin, entre muchos otros,
nos dice que comprendió que la idea de que un pequeño grupo político puede
hacerse del poder e imponer sus dictados autonombrándose representantes de la
mayoría del pueblo, era congruente con la forma en que los dirigentes
comunistas rusos habían tomado el poder en Rusia.
“Esta es, por tanto, la concepción de Kosygin. Y mientras
los dirigentes soviéticos se muestren dispuestos a apoyar el empleo de la
fuerza para imponer su voluntad y doctrina sobre otras gentes, tendremos
dificultades, tendremos discordias, tendremos enfrentamientos”. (3)
Sobre Fidel Castro, Harriman
dice que “me parece adivinar que los soviets están un poco hartos de él.
Juega demasiado con Pekín (China, ndr). Es un lujo muy caro, pero no pueden
permitirse abandonarlo. Es el símbolo del comunismo en el hemisferio
occidental”. (4)
El experimentado Harriman, conocedor de los políticos
comunistas rusos, consideraba que la política de la Unión Soviética hacia
América latina no era la misma que la de Fidel Castro.
“Me inclino a pensar”, dice el político demócrata
norteamericano, “que la principal política soviética en América del sur
consiste en apoyar, como en Chile, a los partidos comunistas legales en sus
intentos de crear frentes populares con otros partidos izquierdistas…Desde
luego el ulterior objetivo comunista se propone hacerse con el control,
eliminando a los restantes partidos y suprimiendo los procedimientos
democráticos constitucionales.” (5)
Y apunta: “resultará sumamente interesante observar los
acontecimientos que se produzcan en Chile”. (6)
En el caso de Chile, podemos decir en su descargo que él ya
no formaba parte del gobierno norteamericano que encabezaba entonces (1970)
Richard Nixon (republicano), quien, con Henry Kissinger a la cabeza, lanzó una
ofensiva política y económica subversiva contra el gobierno del presidente de
Chile, Salvador Allende, que no era comunista ni parte de la órbita cubana,
pero tampoco su enemigo, mientras que Kissinger argumentaba que Allende sería
la “cabeza de playa” de la Unión Soviética y de Cuba en América latina por lo
que había que obstaculizarlo.
Hasta ahí la conversación de Harriman con Kosygin y sus
reflexiones respecto a Castro.
Las observaciones fueron, en lo esencial, muy acertadas,
pero pocos políticos de izquierda en
América Latina lo escuchamos en ese entonces.
Eso explicaría porque su libro fue poco leído. Muy
probablemente por el prejuicio de que
era un político y ex funcionario del gobierno norteamericano, sin que se tomara
en cuenta sus conocimientos y vasta experiencia en el trato con los líderes
rusos, al igual que en materia política internacional, que son evidentes para
quien lea su libro. Es decir, por ceguera mental.
Desafortunadamente para los países latinoamericanos, amplios
sectores de la juventud universitaria de la década de los 60s y 70s, creyeron
que a través de la guerrilla podrían derrocar a gobiernos, y encabezar otros, basando su falsa creencia
en las luchas populares armadas que ocurrieron en Vietnam del sur durante las
décadas de 1950, 60s y 70s del siglo 20, donde las guerrillas tenían un amplio
apoyo social.
De la misma forma, creyeron que, como sucedió en Cuba, una
guerrilla como la de Fidel Castro podría triunfar, haciendo a un lado la
situación social, política y económica de ese país, pero animados por
ideologías y cálculos erróneos, así como por el apoyo que les proporcionaron
Cuba, Corea del norte, China y la Unión Soviética.
Todos los movimientos guerrilleros en América Latina de los
años 60s y 70s y 80s, del siglo 20, fracasaron estrepitosamente, llevando a la
muerte a jóvenes que merecían un mejor
destino.
Incluso las acciones guerrilleras que emprendió el
mitológico Ernesto “Che” Guevara en el Congo en 1965 (7) y, posteriormente en
Bolivia, fracasaron y lo condujeron a la muerte a manos de soldados bolivianos.
Ciertamente la cerrazón y exclusión política de gobiernos
antidemocráticos, o poco democráticos, en varias naciones de Latinoamérica,
como sucedió en México, fue un poderoso detonante del descontento de las
juventudes de aquellos años que querían, sobre todo, libertades políticas y
mayor igualdad social y económica, lo que todavía no se logra.
Desde mi punto de vista, como en el de otros más, Averell
Harriman merece reconocimiento por su valioso desempeño político y diplomático
durante y después de la Segunda Guerra Mundial, así como por su firme e
inteligente posición de llegar a un acuerdo político-diplomático para finalizar
la guerra de Vietnam, un conflicto que tanto daño a los Estados Unidos y al
mundo.
Harriman fue el jefe de la delegación norteamericana que
asistió a las negociaciones con Vietnam del norte y Vietnam del sur, que
culminaron en un acuerdo de paz que estaba listo para firmarse en noviembre de
1969, pero que fue saboteado por el gobierno de Vietnam del Sur, por
inspiración de Henry Kissinger, quien le recomendó al gobierno de Vietnam del
sur no firmar el acuerdo hasta que no fuera elegido un nuevo presidente a
principios de 1970. (8)
Resultó electo, Richard Nixon, por un margen del 1% de la
votación, en cuyo gobierno, Kissinger fue nombrado jefe del poderoso Consejo
Nacional de Seguridad, desde donde influyó decisivamente en la política
internacional de EU. A la renuncia de Nixon en 1974, Kissinger fue nombrado
secretario de estado de EU, lo que le dio un mayor dominio de la política
exterior norteamericana.
Harriman merece reconocimiento por lo antes mencionado y, además, por haber
luchado públicamente porque Estados Unidos aplicara una política moderada,
inteligente y respetuosa, aunque firme, en el mundo, basando su fuerza en los
principios de libertad y democracia y no
tanto en la imposición de su fuerza militar.
Por abanderar esas causas, difirió grandemente con la
política internacional del gobierno de Richard Nixon y Henry Kissinger, la que
consideró negativa para la paz en el mundo y el “liderazgo moral” de los
Estados Unidos.
Notas:
Las notas 1, 2, 3, 4 ,5 y 6 son del libro: América y Rusia
en un mundo que cambia, de Averell Harriman; Ediciones Grijalbo, 1973; págs. 105 y 106.
Nota 7: ver
“The state of Africa”, de Martin Meredith; Simon and Schuster, UK, 2013. Págs:
148-150.
Nota 8: ver, “América y Rusia…”, Págs.159-64
Nota 9: ver: http://www.dossierpolitico.com/vercolumnas.php?artid=172056&relacion=dossierpolitico&categoria=292
Publicado originalmente en: http://www.kandire.bo/index.php?option=com_k2&view=item&id=8655:fidel-castro-y-averell-harriman-en-la-guerra-fria&Itemid=1645&lang=ES

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