De Polonia a Sonora, el proyecto musical de Jesús Lí
Entrevista con Maribel Ferrales.
Héctor Apolinar Dossier Politico
Dia de publicación: 2012-08-14
Hermosillo, Sonora._La reconocida “señora” del canto y la
ópera en Sonora, la cubano-sonorense, Maribel Ferrales habla sobre la formación
en el canto operístico de quien fuera su esposo, el tenor Jesús Lí, fallecido
en trágicas circunstancias en Hermosillo, en mayo del año 2000, y quien le
diera al canto clásico y a la ópera un extraordinario impulso en el estado.
Jesús Lí colocó a Sonora en el mapa musical de México, pues el coro que
formó y los cantantes solistas que egresaron de él, fueron reconocidos por su
calidad vocal en los principales centros musicales del país como la Ciudad de
México, Sinaloa, entre otros.
En la actualidad cerca de 10
solistas egresados del coro dirigido por Lí y Maribel Ferrales, cantan
en diversas compañías de ópera en Europa, y otros lugares del país y del mundo,
lo que es una muestra ejemplar de su
éxito como maestro, pues es poco probable que exista un estado de la república
mexicana que cuente con más cantantes en los teatros de la ópera de Europa que
Sonora.Uno de esos sobresalientes cantantes es Arturo Chacón, quien el sábado
pasado se presentó en en el Auditorio Cívico de Hermosillo, y quien forma parte de los elencos de
importantes teatros de ópera en el mundo. Sin embargo, pero no es el único.
La entrevista con la Ferrales es parte de una serie que
hemos realizado a diversas personas que colaboraron de una u otra forma con
Jesús Lí, con el fin de que dieran testimonio del trabajo del maestro cubano,
tal como ellos lo vivieron.
El proyecto que realizamos es apoyado por el Fondo Estatal
para las Artes y el Instituto Sonorense de Cultura, y será presentado como
trabajo final en febrero de próximo año.
Con ello pretendemos reconstruir, con base a los testimonios
de sus colaboradores, cercanos o lejanos, el destacado trabajo de Lí y su
aportación sobresaliente a la cultura musical y vocal de los sonorenses.
El testimonio de Maribel Ferrales es, sin duda, valioso y
cercanísimo. Seguramente nadie como ella podría darnos un testimonio más agudo
y preciso para subrayar las cualidades personales que impulsaron a Jesús Lí.
Desde su punto de vista, esas cualidades personales—que
podemos calificar de sobresalientes---, fueron los resortes que lo impulsaron a
llegar una estrella internacional del canto operístico y, en Sonora, un maestro
extraordinario que se dedicó con pasión y pleno conocimiento a la formación de
cantantes solistas y de coro.
A continuación reproducimos algunos pasajes de la entrevista
con Maribel Ferrales.
Maribel Ferrales: Quiero empezar un poquito con la formación
de Jesús Lí porque eso tiene mucho que decir de porqué amó tanto este proyecto,
primeramente partiendo del coro de la Universidad de Sonora, hasta convertirlo
en un estudio para música operística, sin que no llevara ese nombre de forma
oficial, sin que nunca cambiara el nombre oficial de la maestra Zubeldía.
Lí fue un hombre que desde los 16 años luchó primeramente
por lograr cantar ópera, bien, por ganarse un puesto, con la corta edad que
tenía, como solista de una compañía de opera que llevaba consolidada más de 50
años.
Eso le dio una
herramienta que era la autosuperación más que la instrucción. Porque en un
principio, igual que ocurre en la mayoría de los países latinoamericanos, lo
que es la formación para el cantante de ópera no existía. Entonces uno se iba
formando, la generación de él, la mía ya tenía toda la infraestructura musical,
pero en la suya era: yo soy mi propio maestro. Necesito alcanzar este objetivo,
¿cómo puedo llegar? Entonces, Lí fue un hombre que se preparó así. Yo creo que
también por su ascendencia china, todo el asiático se pone un objetivo y busca
cumplirlo, aunque tenga que estar picando quién sabe qué tanto tiempo, necesita
lograr ese objetivo para poder pasar a otro.
Su primera instrucción así fue: yo tengo una buena voz pero
no tengo quien me enseñe, vivo en madruga, un pueblo del campo de la Habana,
tengo que agenciármela para estar a la altura de estos que viven en la ciudad y
que tienen todas las condiciones. Entonces creo que eso es la raíz de todo.
De por qué él picó tanto, tanto, tanto en la piedra hasta
que salió algo de agua.
Pregunta: Me está diciendo que solo se enseñó. ¿Cómo? ¿Escuchando discos…?
Respuesta: Al principio, sí. Escuchando discos, recibiendo
consejos de cantantes mayores en la ópera de Cuba, porque él específicamente
tener un maestro canto en el Instituto de Arte de La Habana, pues propiamente,
no. Cuando él comienza a estudiar, ya trabajaba, ya era primer solista de la
opera, ya viajaba y se ganó todos los premios internacionales que tuvo.
Entonces no tuvo tiempo de estar escolarizado dentro de la
escuela. El presentaba los exámenes, vía lo que los maestros le tenían que
decir y siguió para adelante. Realmente una instrucción como escuela, después
de después de obtener la licenciatura con la especialidad en canto, la tiene en
Italia en el curso de perfeccionamiento en la Scala de Milán, ahí si tiene un
año de instrucción con un maestro repertorista y con Violeta Simeonato, la
mezzosoprano, con ellos termina su visión artística y como cantante. Ellos son
los que le dan la forma ya más bella; el barniz a la pintura. En las platicas
que yo tuve con él, ¿un maestro específico que le enseñó a cantar? Ese no
existe.
Pregunta: Usted habla de que estando en el pueblo se puso
una meta a alcanzar.
Respuesta. Sí, Primero trasladarse a La Habana y ser solista
de la opera…
Pregunta: ¿Y lo logró?
Respuesta: Y lo logró. Debutó en la opera muy joven. No tenía 20 años, no recuerdo
bien, pero no tenía la mayoría de edad. Sí tenía más de 16 años, porque no le
permitían trabajar con menos. De ahí salta a ganarse la beca para estudiar en
Italia. Y se enfrentó contra todos los del mundo, porque Cuba no tenía como
pagarle la carrera, él se tuvo que gana las pocas becas que había y empieza
entonces el ciclo de cantar fuera de Cuba que le permite ganar premios y estos
mismos premios son los que le permiten obtener contratos en Europa.
Esta parte de cantante y de artista, la tenía perfectamente
cubierta al llegar aquí o al tomar la decisión de vivir fuera de Cuba.
Cuando empieza trabajar con la compañía, que es la etapa de
su vida que me tocó a mí, en 1988, él descubre que el cantante solista ya no
era lo que él quería, sino que él quería formar una compañía que pudiera
dirigir artísticamente, escénicamente y la pudiera guiar.
Tener un coro, de ahí mismo los solistas, y es algo que
quería formar desde cero.
Lo trató de hacer en Polonia, pero no se pudo, porque había
dos culturas y al final no se pudo, pero sí lo empezó a experimentar cuando en
1990 la compañía se vuelve completamente cubana.
Pregunta: A qué compañía se refiere…
Respuesta: A la Compañía Internacional de Opereta, que era
italiana, pero que todo el personal era cubano y él la dirigía. Pienso que ahí surgió
la idea de que “yo quiero tener esto”, y completamente independiente del
gobierno, porque con nuestro gobierno él tenía qué hacer lo que le dijeran no
lo que quería.
Y pienso que esta parte la satisface completamente al llegar
Sonora en 1995. Y en ese entonces, el departamento de Bellas Artes de la
Universidad de Sonora le plantea que aquí había dos cosas qué hacer: que se
estaba haciendo una licenciatura y no había planes de estudio. Y que había qué
hacer todos los planes para los 5 años de estudio para que fuera oficial. El
segundo era rescatar el coro de la maestra Zubeldía, que ya no existía.
Creo que eso lo enamoró, pues le permitía impulsar lo que él
quería. Y además no había en ese momento
una persona con su preparación para hacer ese trabajo.
De acuerdo al testimonio de la Ferrales, el trabajo de
formación del nuevo coro fue arduo pues había que unificar a personas que no
tenían formación musical alguna y otros que tenían algún tipo de formación,
pero cuyo denominador común era su escasa familiaridad con la música clásica o
culta.
Férrea disciplina y
pasión e intuición
Eso lo logro, dice ella, mediante una “férrea disciplina” y
una entrega apasionada al trabajo, pues él entraba a las 9 de la mañana y salía
hasta tarde, vocalizando con cada uno de los integrantes del coro. E incluso,
de acuerdo a testimonios de sus alumnos,
después de concluir el trabajo formal, se trasladaban a su casa donde
continuaban trabajando y cantando.
Ferrales dice que, además, influyó la formación educativa
cubana que fomenta una “alta competitividad” y que inculca el principio de
“darte por vencido, jamás”.
Asimismo, Ferrales destaca la gran intuición de Lí, quien
rápidamente veía quién podía cantar y quién no.
Para Ferrales las características que enumeró, permearon
todo el trabajo que realizó en Sonora.
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