martes, 10 de enero de 2017

De Polonia a Sonora, el proyecto musical de Jesús Lí

De Polonia a Sonora, el proyecto musical de Jesús Lí

Entrevista con Maribel Ferrales.

Héctor Apolinar Dossier Politico
Dia de publicación: 2012-08-14

Hermosillo, Sonora._La reconocida “señora” del canto y la ópera en Sonora, la cubano-sonorense, Maribel Ferrales habla sobre la formación en el canto operístico de quien fuera su esposo, el tenor Jesús Lí, fallecido en trágicas circunstancias en Hermosillo, en mayo del año 2000, y quien le diera al canto clásico y a la ópera un extraordinario impulso en el estado.

Jesús Lí colocó a Sonora en el  mapa musical de México, pues el coro que formó y los cantantes solistas que egresaron de él, fueron reconocidos por su calidad vocal en los principales centros musicales del país como la Ciudad de México, Sinaloa, entre otros.

En la actualidad cerca de 10  solistas egresados del coro dirigido por Lí y Maribel Ferrales, cantan en diversas compañías de ópera en Europa, y otros lugares del país y del mundo, lo que es una  muestra ejemplar de su éxito como maestro, pues es poco probable que exista un estado de la república mexicana que cuente con más cantantes en los teatros de la ópera de Europa que Sonora.Uno de esos sobresalientes cantantes es Arturo Chacón, quien el sábado pasado se presentó en en el Auditorio Cívico de Hermosillo,  y quien forma parte de los elencos de importantes teatros de ópera en el mundo. Sin embargo, pero no es el único.

La entrevista con la Ferrales es parte de una serie que hemos realizado a diversas personas que colaboraron de una u otra forma con Jesús Lí, con el fin de que dieran testimonio del trabajo del maestro cubano, tal como ellos lo vivieron.

El proyecto que realizamos es apoyado por el Fondo Estatal para las Artes y el Instituto Sonorense de Cultura, y será presentado como trabajo final en febrero de próximo año.

Con ello pretendemos reconstruir, con base a los testimonios de sus colaboradores, cercanos o lejanos, el destacado trabajo de Lí y su aportación sobresaliente a la cultura musical y vocal de los sonorenses.

El testimonio de Maribel Ferrales es, sin duda, valioso y cercanísimo. Seguramente nadie como ella podría darnos un testimonio más agudo y preciso para subrayar las cualidades personales que impulsaron a Jesús Lí.

Desde su punto de vista, esas cualidades personales—que podemos calificar de sobresalientes---, fueron los resortes que lo impulsaron a llegar una estrella internacional del canto operístico y, en Sonora, un maestro extraordinario que se dedicó con pasión y pleno conocimiento a la formación de cantantes solistas y de coro.

A continuación reproducimos algunos pasajes de la entrevista con Maribel Ferrales.

Maribel Ferrales: Quiero empezar un poquito con la formación de Jesús Lí porque eso tiene mucho que decir de porqué amó tanto este proyecto, primeramente partiendo del coro de la Universidad de Sonora, hasta convertirlo en un estudio para música operística, sin que no llevara ese nombre de forma oficial, sin que nunca cambiara el nombre oficial de la maestra Zubeldía.

Lí fue un hombre que desde los 16 años luchó primeramente por lograr cantar ópera, bien, por ganarse un puesto, con la corta edad que tenía, como solista de una compañía de opera que llevaba consolidada más de 50 años.

 Eso le dio una herramienta que era la autosuperación más que la instrucción. Porque en un principio, igual que ocurre en la mayoría de los países latinoamericanos, lo que es la formación para el cantante de ópera no existía. Entonces uno se iba formando, la generación de él, la mía ya tenía toda la infraestructura musical, pero en la suya era: yo soy mi propio maestro. Necesito alcanzar este objetivo, ¿cómo puedo llegar? Entonces, Lí fue un hombre que se preparó así. Yo creo que también por su ascendencia china, todo el asiático se pone un objetivo y busca cumplirlo, aunque tenga que estar picando quién sabe qué tanto tiempo, necesita lograr ese objetivo para poder pasar a otro.
Su primera instrucción así fue: yo tengo una buena voz pero no tengo quien me enseñe, vivo en madruga, un pueblo del campo de la Habana, tengo que agenciármela para estar a la altura de estos que viven en la ciudad y que tienen todas las condiciones. Entonces creo que eso es la raíz de todo.
De por qué él picó tanto, tanto, tanto en la piedra hasta que salió algo de agua.

Pregunta: Me está diciendo que solo se enseñó. ¿Cómo?  ¿Escuchando discos…?

Respuesta: Al principio, sí. Escuchando discos, recibiendo consejos de cantantes mayores en la ópera de Cuba, porque él específicamente tener un maestro canto en el Instituto de Arte de La Habana, pues propiamente, no. Cuando él comienza a estudiar, ya trabajaba, ya era primer solista de la opera, ya viajaba y se ganó todos los premios internacionales que tuvo.

Entonces no tuvo tiempo de estar escolarizado dentro de la escuela. El presentaba los exámenes, vía lo que los maestros le tenían que decir y siguió para adelante. Realmente una instrucción como escuela, después de después de obtener la licenciatura con la especialidad en canto, la tiene en Italia en el curso de perfeccionamiento en la Scala de Milán, ahí si tiene un año de instrucción con un maestro repertorista y con Violeta Simeonato, la mezzosoprano, con ellos termina su visión artística y como cantante. Ellos son los que le dan la forma ya más bella; el barniz a la pintura. En las platicas que yo tuve con él, ¿un maestro específico que le enseñó a cantar? Ese no existe.

Pregunta: Usted habla de que estando en el pueblo se puso una meta a alcanzar.

Respuesta. Sí, Primero trasladarse a La Habana y ser solista de la opera…
Pregunta: ¿Y lo logró?

Respuesta: Y lo logró. Debutó en la opera  muy joven. No tenía 20 años, no recuerdo bien, pero no tenía la mayoría de edad. Sí tenía más de 16 años, porque no le permitían trabajar con menos. De ahí salta a ganarse la beca para estudiar en Italia. Y se enfrentó contra todos los del mundo, porque Cuba no tenía como pagarle la carrera, él se tuvo que gana las pocas becas que había y empieza entonces el ciclo de cantar fuera de Cuba que le permite ganar premios y estos mismos premios son los que le permiten obtener contratos en Europa.

Esta parte de cantante y de artista, la tenía perfectamente cubierta al llegar aquí o al tomar la decisión de vivir fuera de Cuba.

Cuando empieza trabajar con la compañía, que es la etapa de su vida que me tocó a mí, en 1988, él descubre que el cantante solista ya no era lo que él quería, sino que él quería formar una compañía que pudiera dirigir artísticamente, escénicamente y la pudiera guiar.

Tener un coro, de ahí mismo los solistas, y es algo que quería formar desde cero.

Lo trató de hacer en Polonia, pero no se pudo, porque había dos culturas y al final no se pudo, pero sí lo empezó a experimentar cuando en 1990 la compañía se vuelve completamente cubana.

Pregunta: A qué compañía se refiere…

Respuesta: A la Compañía Internacional de Opereta, que era italiana, pero que todo el personal era cubano y él la dirigía. Pienso que ahí surgió la idea de que “yo quiero tener esto”, y completamente independiente del gobierno, porque con nuestro gobierno él tenía qué hacer lo que le dijeran no lo que quería.

Y pienso que esta parte la satisface completamente al llegar Sonora en 1995. Y en ese entonces, el departamento de Bellas Artes de la Universidad de Sonora le plantea que aquí había dos cosas qué hacer: que se estaba haciendo una licenciatura y no había planes de estudio. Y que había qué hacer todos los planes para los 5 años de estudio para que fuera oficial. El segundo era rescatar el coro de la maestra Zubeldía, que ya no existía.

Creo que eso lo enamoró, pues le permitía impulsar lo que él quería.  Y además no había en ese momento una persona con su preparación para hacer ese trabajo.

Entonces él se quedó solo haciendo este movimiento; haciendo las audiciones a los posibles integrantes del coro. Nadie pensó que asistiría alguien a las audiciones. Y dicen que cuando vieron las filas de aspirantes en agosto nadie lo podía creer. Encontró tanto talento que tuvo que hacer dos coros. Uno, el oficial, integrado con 70 personas, que eran más que el coro de la Ópera de Cuba, más un segundo coro que servía como reserva para el caso de que del primer coro se saliera alguien.
De acuerdo al testimonio de la Ferrales, el trabajo de formación del nuevo coro fue arduo pues había que unificar a personas que no tenían formación musical alguna y otros que tenían algún tipo de formación, pero cuyo denominador común era su escasa familiaridad con la música clásica o culta.

Férrea disciplina y pasión e intuición

Eso lo logro, dice ella, mediante una “férrea disciplina” y una entrega apasionada al trabajo, pues él entraba a las 9 de la mañana y salía hasta tarde, vocalizando con cada uno de los integrantes del coro. E incluso, de acuerdo a  testimonios de sus alumnos, después de concluir el trabajo formal, se trasladaban a su casa donde continuaban trabajando y cantando.

Ferrales dice que, además, influyó la formación educativa cubana que fomenta una “alta competitividad” y que inculca el principio de “darte por vencido, jamás”.

Asimismo, Ferrales destaca la gran intuición de Lí, quien rápidamente veía quién podía cantar y quién no.

Para Ferrales las características que enumeró, permearon todo el trabajo que realizó en Sonora.


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