La geopolítica de Sonora
Primera parte
Héctor Apolinar Dossier Politico
Dia de publicación: 2007-09-03
No había leído un discurso del gobernador Eduardo Bours, tan
realista y directo,� que
se refiriera a las desventajas geográficas, climáticas y geopolíticas que tiene
Sonora, en relación a otros estados de la república. En un dicurso que
pronunció al entregar el Premio Nacional de la Juventud, el 28 de agosto, dijo:
“A Sonora nada se le ha dado fácil. Tenemos un clima
bastante pesadito, hace un calor bastante regular en el estado, tenemos poca
agua, estamos muy lejos del centro [del país], para bien y para mal por cierto,
allá es donde se toman todas las decisiones, todo nos queda muy lejos, aquí no
hay nada asi como en Nuevo León, que todo esta cerquita; ahí te vas de Garza
García a Monterrey y a Escobedo, todo está cerquita”.
Y agregó: “aquí para ir a Caborca se le piensa, o para ir a
San Luis Río Colorado, o para ir a Alamos, todo nos queda lejos también en el
estado, estamos muy mal distribuidos, no estamos en cortito, somos pocos en un
territorio muy amplio, en un territorio muy agreste, con muchos problema para
llegar”.
“Así que nada se nos ha dado facil, la verdad es que a
Sonora todo se nos ha complicado, yo creo que eso que es difícil es lo que nos
ha dado el carácter a los sonorenses”. Comparto el desasosiego que experimenta
el gobernador ante tal situación.
En casi cuatro años de ejercicio gubernamental, de haber
recorrido el estado en varias ocasiones, incluso algunas zonas a caballo, Bours
siente físicamente el enorme peso de las condiciones geográficas en las que se
tiene que desenvolver el esfuerzo gubernamental. Se ha dado cuenta ya, de forma
plástica, de la enormidad “continental” de un estado que es más grande que
algunos países de Europa, pero que no cuenta con una población suficiente para
“poblarlo” y que, además, tiene recursos hídricos sumamente limitados para
sustentar la vida humana y su actividad económica creciente.
Por su tamaño, Sonora es un estado de “regiones”. Su
integración económica es
dudosa, si no es que frágil y, en ocasiones, inexistente. Como dice el
gobernador Bours, las distancias entre poblaciones y ciudades es muy grande, lo
que de suyo es ya una desventaja económica que impacta los costos y el tiempo
que se invierte en trasladarse de un lugar a otro.
Las distancias dificultan la integración y, más bien,
impulsan el aislamiento. El aislamiento es una condición que influye en la
conducta de las personas y de las sociedades que la viven. No solamente es un
dato más, es una influencia viva, actuante sobre las personas.
Una sociedad con grados diversos de aislamiento es una
sociedad que tiene un acceso más lento a la información y sabemos que ésta es
la base de toda actuación, sea personal, social o económica. Actuamos con base
a la información que tenemos.
Una sociedad aislada tiende a ser endógena. No ocurre lo mismo
con las ciudades-puertos o que son partes de “enjambres” de ciudades como
Guanajuato, Querétaro, para poner un ejemplo.
En tales lugares las “noticias vuelan”, como se dice, de un
lugar a otro, al igual que las personas y las mercancías y esto favorece el
comercio, el intercambio de ideas y costumbres. Ese fenómeno obliga a las
sociedades a estar preparadas para intercambiar con otras sociedades distintas
y a no encerrarse ni quedarse ancladas en sus costumbres e ideas como si fueran
las únicas.
Gobernar a Sonora desde el punto de vista político es
relativamente fácil, porque su población es poca y se encuentra dispersa, de
manera que es complicado que la población se reúna para protestar. El clima
extremadamente caluroso no favorece las aglomeraciones; la dispersión, tampoco.
En la actualidad el estado cuenta con una población de poco
más de 2.3 millones de personas, cifra que no se incrementará de manera notable
en las próximas décadas, porque la tasa de natalidad es de 1.9 hijos por
familia. La emigración es un factor que también incide en el escaso crecimiento
poblacional.
Debido a lo enorme del territorio, construir carreteras,
líneas de electricidad y conducir el agua, requiere de fuertes inversiones. Es
más costoso hacerlo que en otros lugares con poblaciones más cercanas unas de
otras.
Podría darse el caso de que se hicieran fuertes inversiones
en infraestructura y vivienda, por ejemplo, y que al cabo de algunos años,
faltaran usuarios de las mismas debido a una baja en el número de habitantes.
No es descabellado que eso llegue a ocurrir en Sonora en un lapso de 20 años.
Hay pueblos de la sierra que ya se encuentran casi deshabitados.
Continuará
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