Monterrey, y los jóvenes sonorenses (II)
Héctor Apolinar Dossier Politico
Dia de publicación: 2017-02-06
Desde que fallecieron empresarios y filántropos como Enrique
y Gustavo Mazón, José santos Gutiérrez; líderes religiosos como el obispo, Juan
Navarrete y Guerrero, verdadero constructor del Sonora de las décadas del 30 al
70, del siglo pasado, o periodistas honestos e influyentes como Abelardo
Casanova, Sonora ha visto como la “transición a la democracia” que vivimos,
carece de líderes sociales o empresariales reconocidos, claros y definidos que
inspiren a la juventud sonorense.
En cambio, la corrupción de muchos políticos y de
importantes sectores empresariales, ha llevado a las nuevas generaciones de
jóvenes sonorenses a la creencia de que la ética social no existe, o que es una
mera ilusión cristiana que nadie sigue, o surgida de textos de la antigüedad clásica
que son letra muerta, que nada tienen que ver con sus vidas reales.
A esa creencia contribuye el ascenso vertiginoso del
narcotráfico como una actividad altamente redituable que permite hacer fortunas
en un lapso de tiempo relativamente breve a sectores de la juventud que no ven
opciones de avance económico.
Y en parte tienen razón pues la pobreza en México es
creciente, los salarios son muy bajos y los empleos en la industria maquiladora
no alcanzan a cubrir la demanda de los jóvenes que llegan cada año al mercado
de trabajo.
No es casual que el “Chapo” Guzmán goce de sorprendente
reconocimiento y respeto entre los jóvenes de altos y bajos ingresos.
Los gobernantes, los políticos, los empresarios y las
iglesias tienen la idea—muchos de ellos—de que sus acciones no tienen nada que
ver con en esa situación que vive Sonora, cuando la realidad es lo contrario.
Un caso que ilustra nuestra afirmación es que un elevado
número de adultos, mujeres y hombres, acuden cotidianamente a los casinos que
han proliferado en Sonora, especialmente, en Hermosillo, que es la ciudad en la
que vive el mayor número de habitantes del estado.
Numerosos personas va ahí a perder dinero, pero sobre todo,
a “matar el tiempo”, a “entretenerse”, porque desconocen mejores formas de hacerlo. Carecen de cultura y de formación
que les permita realizar otras actividades. Podemos decir que están vacíos
existencialmente y que de alguna forma tienen que “llenar su tiempo”, es decir,
sus vidas.
Por supuesto que ese no es un padecimiento que existe entre
los sonorenses. Hace pocos años fuimos testigos del incendio de un casino en la
ciudad de Monterrey, en el que murieron poco más de 50 personas que estaban en
el lugar “entreteniéndose”.
Sin embargo ni los empresarios ni el gobierno promueven
espacios públicos para que esos sectores de la sociedad cuenten con mejores
formas de entretenerse o divertirse, como por ejemplo, mediante una oferta de
educación artística más amplia que no existe. O con sistemas de educación
abierta para la población adulta que requiere seguir educándose y
actualizándose para no quedar marginados de los nuevos conocimientos. Algo que
tampoco existe.
Ni el gobierno actual ni los empresarios impulsan acciones y
programas como los mencionados antes.
Esa situación hace que la sociedad tenga enormes vacíos
vitales que son llenados por los casinos, el alcoholismo, la violencia, el
narcotráfico, o los embarazos de adolescentes.
Es por esa razón que afirmamos que las actitudes y acciones
que llevan a cabo los gobernantes, los políticos, los empresarios y las
iglesias, así como los periodísticas y educadores, tienen una importante
responsabilidad en lo que sucede.
Sólo hasta que estallan tragedias como la que ocurrió en una
escuela secundaria privada de Monterrey, en la que dos jóvenes adolescentes y
una maestra murieron a tiros, es cuando despertamos del “sueño de opio”. Y para
entonces, ya no hay remedio.
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