“Tierras de sangre”
Héctor Apolinar/
Dia de publicación: 2019-02-14
En la medida que los años pasan y nos alejamos de la Segunda
Guerra Mundial (1938-1945), más nos parece un cuento de terror que una realidad
en la que murieron 14 millones de seres humanos en Europa.
Mencionar esa cifra de muertos, la mitad de ellos niños,
mujeres y ancianos, podría parecer una invención, o una exageración, para
muchos de nosotros que nacimos después de la guerra, y mucho más todavía, para
los jóvenes que nacieron en los años 90s del siglo 20 y a principios del 21.
Es decir, estamos hablando de que no fueron únicamente los
cerca de seis millones de judíos europeos asesinados en los campos de
concentración nazis por órdenes Hitler, Himnler y varios muchos más de la elite
dirigente alemana de esos años, los que fallecieron asesinados, sino ocho
millones más que muertos por las balas o el hambre forzada en las que el
historiador inglés, Timothy Sneyder, llamó las “tierras de sangre”. (1)
Pero lo más grave y terrible es que fue cierto.
El historiador inglés, Timothy Snyder, realizó una acuciosa
investigación en archivos europeos, incluso, en los que fueron dados a conocer
después de la desaparición de la Unión Soviética y otros países comunistas
europeos.
“Los catorce millones de muertos fueron víctimas de las
políticas criminales soviéticas o nazis, a menudo de la interacción entre la
Unión Soviética y la Alemania nazi, pero en ningún caso representan bajas a
causa de la guerra entre ambos países”, señala Sneyder en la introducción de su
escrito. (2)
Y agrega: “se suele identificar el horror del siglo XX con
los campos de concentración, pero no fue en ellos donde murió la mayor parte de
las víctimas del nacionalsocialismo y del estalinismo”.
“Este malentendido en cuanto a los lugares y a los métodos
de los asesinatos en masa nos impide percibir todo el horror del siglo XX”, nos
advierte.
En muchos sentidos, “Tierras de sangre” nos da una visión nueva, más realista y
profunda del “horror del siglo XX”, como dice el autor, pero no solamente eso.
Nos brinda una imagen nítida de como la guerra trastocó todos los cimientos de
la vida europea con la modificación de las fronteras de los países y las
migraciones forzadas de millones de personas, para no mencionar la
“desaparición” de otras tantas.
Para muchos pensadores de esa época, la Segunda Guerra
Mundial y sus consecuencias, marcó el fin de la civilización y la cultura
europea, tal como se desarrollaba desde, por lo menos, la Ilustración.
Su impacto social fue de enormes consecuencias para quienes
vivieron la guerra, pero, también, para las generaciones posteriores que
heredamos el estigma de esa barbaridad sin límites.
Porque no podemos pensar que aquellos acontecimientos
extraordinarios no dejaron una huella perdurable que llega hasta nuestros días,
como una especie de Karma, que nos persigue como un fantasma.
Basta recordar que en América latina se escondieron
funcionarios del régimen nazi, como Adolf Eichman, en Argentina, Josef Mengele,
en Brasil y Klaus Barbie, en Chile y Bolivia, que formaron parte de una red
clandestina de exnazis.
¿Cómo fue que llegó a suceder tanto crimen?
Hay un enorme número de estudios al respecto, así como
libros memorias de algunos de los que vivieron directamente ese brutal
envilecimiento.
Uno de los libros que nos brinda un retrato de los
acontecimientos y procesos sociales que llevaron al estallido de la guerra, es
“El mundo de ayer, (3) del escritor
vienés, Stefan Zweig, quien muy vivió de cerca los antecedentes de la guerra en
Viena, quien, además, fue víctima de la persecución nazi debido a su origen
judío.
Como lo documenta Snyder no fue únicamente el gobierno de
Hitler el que fue responsable de los asesinatos, sino, junto con él, su aliado,
primero, y enemigo después, Josef Stalin, dirigente máximo de la Unión de
República Socialistas Soviéticas.
Snyder afirma: “la Europa central y del este, a
mediados del siglo XX, los regímenes nazi y soviético asesinaron a unos catorce
millones de personas. El lugar donde murieron todas esas víctimas, las Tierras
de sangre, se extiende desde Polonia central hasta Rusia occidental a través de
Ucrania, Bielorrusia y los países bálticos. Durante la consolidación del
nacionalsocialismo y el estalinismo (1933-1938), la ocupación conjunta
germano-soviética de Polonia (1939-1941) y la guerra posterior entre Alemania y
la Unión Soviética (1941-1945) esta región conoció un tipo de violencia contra
las masas nunca visto en la historia”.
“Las víctimas fueron sobre todo judíos, bielorrusos,
ucranianos, polacos, rusos y bálticos, las gentes nacidas en esas tierras.
Aunque en el tramo central de este periodo sus tierras natales se convirtieron
en campos de batalla, todas esas personas fueron víctimas de políticas
criminales, no bajas de guerra”.
Y concluye así su señalamiento:
“Pero ni uno sólo de los catorce millones de asesinados era
soldado en servicio activo. La mayoría eran mujeres, niños y ancianos. Ninguno
llevaba armas, y muchos habían sido despojado posesiones, incluidas sus ropas”.
“De los catorce millones de personas asesinadas en las
Tierras de sangre entre 1933 y 1945, un tercio lo fue a manos de los
soviéticos”.
“La presente es una historia de asesinato político en masa”.
Llevémoslos en nuestros corazones.
Notas: 1,2, ver: Tierras de sangre, Europa entre Hitler y
Stalin
Nota 3, ver: El mundo de ayer”, Setfan Zweig, Editores
Mexicanos Unidos, S.A.

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